domingo, 9 de marzo de 2014
¿Por qué a veces nos mareamos al levantarnos de la cama?
El organismo humano adopta una posición relajada cuando se encuentra tumbado. La presión sanguínea y el ritmo cardíaco descienden. Cuando el cuerpo se pone de nuevo en marcha, por ejemplo cuando se pone de pie o camina, la presión arterial sube y se eleva la frecuencia cardiaca. Pero la sangre aún permanece en la zona de las piernas y no puede ser bombeada con suficiente velocidad hacia la cabeza. Por ese motivo la retina, que precisa de mucho oxígeno, no está bien abastecida y funciona de un modo defectuoso. La persona padece una corta pérdida de visión o ve luces o estrellas que realmente no existen.
Además, en situaciones similares, en algunos casos se hace patente la falta de riego del cerebro. El mareo es sólo un síntoma inofensivo. Se puede incluso llegar a padecer un desvanecimiento momentáneo. Es aconsejable levantarse con calma para que la sangre tenga tiempo de distribuirse por todo el organismo.
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sábado, 8 de marzo de 2014
El arte ancestral de las porcelanas chinas – Cerámica y Espiritualidad
Un arte único y, en muchos aspectos, fantástico, alentado por una filosofía muy distinta a la occidental. La porcelana china, cuyo origen exacto se desconoce, es un claro ejemplo de virtuosismo y perfección artísticos que refleja obligatoriamente la evolución y la historia de la civilización que la descubrió.
La porcelana, tal como fue concebida y usada por los chinos, es cualquiera que, al golpearla, emite
una clara nota metálica. Conocida también como cerámica blanca translúcida, se distingue de las otras, cocidas a gran fuego, denominadas loza. Igualmente, poco tiene que ver con las muestras de la Grecia clásica, en que los temas decorativos giraban en torno a la idealización del cuerpo humano y al desarrollo de la historia a través de mitos y leyendas. El arte del Lejano Oriente era mucho más contemplativo. Los chinos encontraban más deleitación en lo espiritual, algo que se pone en evidencia en su cerámica y posterior porcelana. Aunque las habilidades técnicas se desarrollaron antes en el Lejano Oriente que en Europa o en
Oriente Medio, ambas civilizaciones, oriental y occidental, entraron en contacto en varias ocasiones con un impacto mutuo. Quizá el ejemplo más significativo fue el efecto de las porcelanas chinas del siglo XI, importadas por el mundo árabe. Allí alentaron el desarrollo del barro cocido a imitación de la porcelana, así como la investigación para el desarrollo de su manufactura. Siglos después, la Compañía Holandesa de las Indias Orientales introdujo en Europa grandes cantidades de esta porcelana única, lo que provocó que los ceramistas chinos adaptaran sus diseños a las demandas de este mercado. Así como la cerámica griega parece tener una decoración meramente estética, aunque era realizada cuidadosamente para que su significado fuera claro, igualmente sucedió con las cerámicas chinas. Para unos su decoración pudiera parecer arbitraria, pero es cierto que para los chinos cada objeto y su disposición poseían un significado muy concreto. El león, el caballo y el elefante simbolizaban a Buda, mientras que el dragón representaba al emperador
y el ave fénix, a la emperatriz. La granada era símbolo de la fertilidad, un par de peces o de patos mandarines suponían un matrimonio feliz, el pino, el melocotón y la calabaza eran emblemas de una larga vida, mientras que la rama de casia y el salmón saltando entre olas representaban el éxito literario. Únicamente cuando se introdujeron los temas europeos en las vasijas chinas, esta significación fue perdiéndose. La historia de la cerámica y la porcelana chinas es la propia historia del pueblo chino. A lo largo de las distintas dinastías y periodos de gobierno hereditario, las técnicas y estilos se perfeccionaron hasta hacer de ella algo único en el mundo. La cerámica neolítica china nació a orillas del río Amarillo en el periodo comprendido entre los años 3000 y 1500 a. de C. De arcilla roja y con motivos geométricos de trazos gruesos, eran pintadas con pigmentos rojo, blanco o marrón purpúreo. Empleada principalmente para la elaboración de urnas funerarias y utensilios de cocina, la calidad de su decoración hacía de las vasijas de esta época ejemplos artísticos de gran elegancia.
Más tarde, durante la dinastía Chou (1155-255 a. C), la realidad política y social de China sufrió
algunos cambios importantes con el establecimiento de un gobierno fundamental y una religión organizada. Fue Confucio el encargado de introducir una religión basada en la devoción filial y la reverencia por la tradición, enfatizando por encima de todo la armonía y la moderación. Al mismo tiempo, el taoísmo proponía una moralidad alta y compasiva, cuyo elemento místico sería desarrollado en cultos posteriores. Dos significativos avances se produjeron en esta época en torno al a cerámica china: el empleo de arcilla blanca fina, muy preparada y decorada en relieve y, en segundo lugar, el perfeccionamiento de los hornos con el fin de permitir un mayor control y retención del calor. Éstos permitían cocer la arcilla a temperaturas más altas, conformando un cuerpo más duro y consistente y dando lugar, así, a las primeras vasijas de loza conocidas. También por esta época se descubrió que podía realizarse un vidriado sencillo espolvoreando feldespato o cenizas de madera sobre los hombros de las vasijas.
Durante la dinastía Han (206 a. de C-220 d.C.), el estado chino aumentó su poder y anunció un periodo de consolidación y expansión bajo una administración centralizada. Tanto la filosofía de Confucio como el taoísmo, con sus creencias míticas y místicas, tuvieron un gran efecto en las expresiones artísticas del momento y contaron con multitud de seguidores. Las actividades comerciales aumentaron considerablemente, lo que permitió incorporar avances técnicos y estilísticos, entre ellos una sustancia llamada liu-li, que se cree era una mezcla preparada de vidrio con plomo procedente de Alejandría. Las vasijas dejaron de hacerse a mano para ayudarse de tornos eficaces y el empleo de moldes. En esta época, se hizo tanta loza como barro cocido, este último con arcilla rojiza y vidriado de silicato de plomo teñido de verde. Sus usos religiosos y funerarios imponían una ornamentación caracterizada por la modelación de una montaña, colina o isla a modo de tapa, representando la mitológica isla o montaña taoísta del Bendito. Durante la dinastía Tang (618-906), se consolidó la adopción del budismo, introducido desde la India
en el siglo I, con su doctrina de negación y renuncia. Se trató de un periodo pacífico, tolerante, próspero y creativo, considerado uno de los más bellos y ricos de la historia china. Tras haber inventado la imprenta, la pólvora, la brújula imantada y otros ingenios, la inquietud científica de esta dinastía descubrió la porcelana gracias a la utilización de caolín en la pasta cerámica: la verdadera porcelana china se elabora cociendo una mezcla de arcilla blanca de caolín y feldespato a una temperatura entre 1.250 y 1300 ºC; con la mezcla y temperaturas correctas tiene lugar la fusión de las partículas, produciendo una mezcla mucho más vítrea y fuerte que la de la loza, lo que permite que las paredes del objeto sean mucho más finas y resistentes. Sin embargo, aunque la técnica fue probablemente dominada por los artesanos T´ang, fueron los ceramistas Sing y Ming los que encargados de explotarla y desarrollarla hasta su plenitud. A pesar de ello, el arte T´ang comprendió la gran variedad de posibilidades de este nuevo material y empezó a producir piezas estilizadas, adornada por
bellos vidriados polícromos. Por primera vez, el arte chino jugaba con la libertad de colores y la decoración más frecuente –san cai o “tres colores”- suponía todo un alarde de expresionismo cromático. Los tiempos venideros fueron turbulentos y marcados por las frecuentes invasiones, pero el siguiente periodo, el de la dinastía Sung (960-1279), fue enormemente activo en materia de arte. La producción de cerámica y porcelana estuvo patrocinada por la corte, que animaba a los ceramistas a realizar sus trabajos más costosos y delicados. Los materiales eran cuidadosamente elaborados y la variedad de mezclas permitía mejorar las distintas técnicas, por lo que se logró un nivel artístico insuperable. Sus qingzi o porcelanas con el color de las cosas naturales, monocromos verde, turquesas, púrpuras, blancos son, quizá, el alma de la porcelana china.
En 1127, los Sung huyeron de Kaifeng, su capital a orillas del río Amarillo, para trasladarse a
Hangzhou. El norte de China quedó en manos de dos dinastías mongolas, los Jin y los Liao y, a partir de 1260, de los Yuan, al mando de Kublai Kan. Veinte años más tarde, éste, nieto de Gengis Kan, se hizo con el dominio de Hangzhou y consolidó un nuevo imperio con capital en Beijing, dominado por la dinastía mongol Yuan. Durante esta época, la producción de porcelana se concentró en la provincia de Kiangsi, una factoría que, en el siglo XVIII, se convertiría en una ciudad porcelánica de un millón de habitantes. En 1364, un campesino y ex monje budista organizó las revueltas campesinas del Sur y, en cuatro años, se hizo con el poder de Nankín (“ciudad del sur”), donde fundó un gobierno provisional y una nueva dinastía: los Ming (1368-1644). Éstos, de marcado carácter nacionalista, desempeñaron un papel enciclopedista al reivindicar y promocionar cualquier manifestación propiamente china. La porcelana vivió un periodo de esplendor gracias al patronazgo del emperador y a las diferentes ayudas económicas. Se siguió imponiendo el decorativismo y abundando los tipos polícromos: er cai, wu cai y dou cai (“dos colores”, “cinco colores” y “colores contrastados”, respectivamente). La mejor cerámica Ming se produjo durante la primera mitad del siglo XV y sus colores característicos fueron el blanco y azul, con gran uso de decoración a base de plantas y flores.
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martes, 4 de marzo de 2014
El origen de la literatura infantil
La literatura, el arte de las letras, constituye una de las herencias culturales más importantes de la humanidad. Sin embargo, durante largo tiempo, la literatura infantil ha sido la gran olvidada, quizá porque su público no era tan erudito como para podre ensalzar sus valores como lo harían los mayores: cuando a un niño le gusta un libro, éste se convierte en uno más de sus inseparables juguetes. Un gesto tan sencillo pero incondicional es la forma más bonita de alabanza para un escritor.
Por fin la literatura infantil tiene nombre propio. Lejos y olvidados quedan los desprecios y la ignorancia la que se ha visto sometida por ser considerada de segundo grado. Existe con identidad propia, con un único y claro objetivo que fue el origen y la necesidad de su existencia y que no ha cambiado: entretener a los niños. Pero no siempre fue así…
Relatos en formato de cuento ha habido en todas las culturas y en todos los tiempos. Tenemos
constancia histórica de antiguas leyendas mágicas parecidas a estos relatos escritas en Mesopotamia hacia 4.500 años. Del antiguo Egipto se conservan dos papiros del siglo XIII a. de C. con dos narraciones (El cuento del naufragio y El cuento de los dos hermanos) que bien podrían ser los predecesores de las fábulas contemporáneas, e incluso en la obra “El asno de oro” del romano Apuleyo (siglo II) pueden reconocerse algunas de las características de los cuentos de hadas. Se conoce la existencia de un relato similar a Caperucita Roja procedente de la antigua China, y también el cuento tradicional árabe de Kalila y Dimmapresenta motivos y estructuras comunes a los cuentos de hadas. También en Oriente Medio, en Las Mil y Una Noches, podemos encontrar uno de los puntales de la cuentística mundial.Pero en la Antigüedad, el niño no existía como tal. Se creía que no necesitaba cuidados especiales
culturalmente hablando, por lo que no será hasta la Edad Media con la aparición de los “Abecedarios” cuando se comience a hacer libros que tengan en cuenta el gusto de los niños. Con ellos, la Iglesia pretendía despertar el interés por las letras, y para ello intentó incluir colores y diseños, que cada vez fueron más atractivos. Sin embargo, se trataba de libros escolares. Lo mismo ocurrió en el siglo XV con los libros de buenas maneras. Su misión era aleccionar a los niños sobre normas de educación y conductas morales. Con estos fines, es de suponer que no fueran bien acogidos por su público, que lejos de ver en ellos un entretenimiento, los rechazaban como lo que realmente eran: libros escolares. Más tarde, la Ilustración francesa descubrió las fábulas del
mundo antiguo y encontró en este tipo de relatos un excelente instrumento literario en su afán de moralizar su discurso: en 1688, Jean de La Fontaine publicó algunas de sus famosas fábulas como La Cigarra y la Hormiga y El Gato y los Ratones” a imagen de las que había escrito Esopo en la antigua Grecia; y Charles de Perrault recogió en su libro “Cuentos de Antaño” (1697) diversos relatos populares europeos como “El gato con botas” o “Pulgarcito”, a los que siempre acompañó de una moraleja. Habría que esperar hasta el siglo XVIII para asistir al despegue definitivo de todos los géneros de la literatura infantil, de la mano de los llamados libros por entregas. El dinero no se gastaba en comprar libros a los niños, por lo que los editores decidieron publicarlo por entregas a un precio muy bajo, asequible a todos los bolsillos. Así, cada semana se publicaba un cuadernillo, que por su bajo precio estaba al alcance de todos los niños, quienes compraban la aventura de la semana y esperaban con ansiedad la llegada de la siguiente entrega.
Este negocio hizo posible que se publicaran novelas de aventuras con origen en los romances medievales, novelas costumbristas que en realidad empezaron siendo escritas para adultos, poesías, cómics y cuentos, los grandes reyes de la literatura para niños. Los cuentos habían existido siempre, pero sólo habían viajado de boca en boca; ahora tenían la oportunidad de ser recopilados y escritos, y así llegar a todos los hogares. Cuentos de hadas, se animales, de gente corriente… Todo tipo de historias para hacer volar la imaginación de los más pequeños hasta el mundo de la fantasía.
La literatura infantil alcanzó un desarrollo especial en Gran Bretaña. El éxito editorial de las novelas “Robinson Crusoe” (1719) y “Los Viajes de Gulliver” (1726) incitaron a John Newbery a abrir en Londres en 1745 la primera librería para niños y, seis años más tarde, a publicar The Lilliputian Magazine, la primera revista infantil del mundo. No obstante, fue el romanticismo el que consolidó definitivamente el formato y las características de los modernos cuentos de hadas como un subgénero de la literatura infantil. A inicios del siglo XIX, este movimiento artístico y estético buscó en la tradición oral y en el folklore popular su inspiración. Para este movimiento, la tradición oral de raíz popular era la fuente histórica fundamental donde encontrar los orígenes de la cultura, la nación y su articulación social, y los cuentos de hadas eran un magnífico exponente de esta tradición.
Este proceso fue especialmente significativo en Alemania. Con la fórmula Kinder und Haus Märchen
(cuentos de infancia y de hogar) los románticos alemanes buscaron compilar la tradición oral centroeuropea con la voluntad de documentar un patrimonio que diera alas a sus tesis pangermanistas. El concepto de Märchen (cuento) procede de las leyendas populares y de las fábulas medievales, pero se distingue eminentemente por su valor iniciático (deformación del individuo para la vida adulta). Es una historia alegórica, cargada de símbolos en los que se mezclan elementos culturales de la edad de oro de la cultura alemana (por ejemplo, la Edad Media con sus estamentos sociales) con contextos históricos atemporales de la vida campesina que tanto podrían ser del siglo XIII como del XIX, todo ello con la voluntad de recrear las raíces de la cultura alemana. Los Hermanos Grimm fueron los máximos exponentes de este proceso. A diferencia de la labor que
realizó Charles de Perrault en el siglo XVII, que compilaba cuentos con un componente moralizador, los Grimm buscaban en esos relatos rescatar un pasado mitológico de Alemania. Los Hermanos Grimm nacieron en la localidad de Hanau (Hesse), una rica ciudad a orillas del río Main que debía su prosperidad al comercio fluvial. En sus inicios, tanto Jacob Grimm (1785-1863) como Wilhelm Grimm (1786-1859) siguieron los pasos de su padre y estudiaron Derecho. No obstante, pronto abandonaron estos estudios y se interesaron por la literatura medieval y la crítica literaria. En 1837, tomaron parte en la revuelta contra el rey de Hannover, Guillermo IV y tuvieron que exiliarse en Kassel. En 1841 fueron invitados a Berlín por el rey Federico Guillermo IV de Prusia, donde permanecieron como profesores de la universidad.
La obra más famosa de estos dos hermanos es “Cuentos para la infancia y el hogar” (1812), que hoy lleva como título “Cuentos de hadas de Grimm” y que recoge relatos tan diversos como “Cenicienta”, “Blancanieves”, “La Bella Durmiente” y “Caperucita Roja”. En realidad, los Hermanos Grimm no fueron los autores de dichos relatos, sino que estos fueron el resultado de una investigación de las leyendas y los cuentos tradicionales germánicos.
Sin embargo, la importancia de estos autores va más allá de sus investigaciones del folclore alemán. Jacob Grimm está considerado el verdadero fundador de la filología germánica y es el padre de la llamada Ley de Grimm, relativa a la mutación consonántica del alemán, que ha resultado fundamental para la reconstrucción de lenguas desaparecidas. Entre 1819 y 1837, escribió “La Gramática Alemana”, y en colaboración con su hermano Wilhelm emprendió la redacción de un Diccionario Alemán (1852-1861) que, con sus 32 volúmenes, está considerado hoy una auténtica obra de referencia. Ambos hermanos publicaron conjuntamente también numerosas investigaciones sobre antiguos textos germánicos como “Antiguas canciones de gesta danesas” (1811), “Leyendas alemanas” (1816-1818), “Mitología Alemana” (1835) e “Historia de la Lengua Alemana” (1848). Dentro de eta tradición germánica hay que estacar también a E.T.A. Hoffmann (1776-1822), que escribió cuentos fantásticos como “El Cascanueces” o “El Cántaro de Oro”, en los que lo extraordinario y lo maravilloso se unen a la tradición. Incluso la propia música romántica alemana, tan relacionada con la literatura, encontró en este tipo de textos sus fuentes de inspiración: Franz Schubert, Robert Schumann y Johannes Brahms, entre otros compositores, basaron algunas de sus obras en las lecturas de los Märchen.
El Romanticismo, por tanto, fue el detonante de una nueva etapa en la literatura. La novela fue
considerada como un género para adultos, mientras que el cuento, por ser más breve, más humorístico y fantástico, se dedicó por completo a los niños, que fueron los grandes ganadores, a pesar de que los cuentos no nacieron para ellos. Así, cada vez fueron más los escritores, incluso de fama reconocida, que se animaron a escribir historias para los más pequeños. Si existe un escritor que pueda ser considerado como clásico de la literatura infantil es Hans Christian Andersen (1805-1875). Sus cuentos podrían haber pasado inadvertidos, pero constituyen una de las obras maestras de la literatura universal, ya que en ellos se da cita una serie de elementos desconocidos en la cuentística popular: el alma de todos sus personajes, el desenlace triste, pero real, y su amor por la Naturaleza. Con Andersen en el cuento de hadas literario que adquiere celebridad y popularidad con Perrault y los hermanos Grimm alcanza un punto culminante, una perfección difícil de igualar que determina el futuro de este género.
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domingo, 2 de marzo de 2014
Hinduísmo: Desafíos a la tradición védica
Durante los siglos V y VI a.C. un cierto número de diferentes movimientos amenazó con socavar los fundamentos de la religión védica. Un grupo de filósofos ateos, por ejemplo, no sólo negaba la existencia de Dios, la autoridad de las escrituras védicas y el concepto de reencarnación, sino que también se negaban a reconocer la posición de los brahmines, los auténticos guardianes de las enseñanzas sagradas, los rituales y los sacrificios. Además, los seguidores de Gautama Buda y de Mahavira, fundador del jainismo, se apartaron de la tradición védica y siguieron sus propios caminos religiosos.
A pesar de todo, la religión védica, según la interpretaban los brahmines, mantuvo su posición
dominante hasta la fundación del primer gran Imperio de la India por Chandragupta Maurya (h.321-297 a.C.), con base en el estado de Magadha, al norte de la India. Pero cuando el nieto de Chandragupta, Asoka, se convirtió al budismo y abandonó su autoridad, los brahmines sufrieron un retroceso del que tardaron mucho tiempo en recuperarse. El poder mauryano declinó tras la muerte de Asoka en 238 a.C. y a finales del siglo II de nuestra era el Imperio se había desintegrado. Los nuevos reinos del norte de India que surgieron de las cenizas del Imperio siguieron el ejemplo de Asoka y abrazaron el budismo. Desde aproximadamente esta época hasta el final del siglo III, el noroeste de India sufrió muchas invasiones. Y durante este agitado período, los brahmines comenzaron a reinterpretar e insuflar nueva vida a la religión védica.
Disminuyeron las ceremonias, acabaron con el sacrificio de animales y desarrollaron su propia tradición filosófica especulativa (que ya vimos en una entrada anterior). También reestructuraron la gran tradición épica india, el Ramayana y el Mahabharata, para apoyar su autoridad. A ambos poemas épicos se les dio la categoría de escrituras sagradas, y sus héroes se convirtieron en reencarnaciones de Visnú. Y desde aproximadamente el año 100, la ley brahmínica fue sistemáticamente compilada en el Manu-Smriti (Leyes de Manu). Este manual fácil de comprender, que aún hoy día tiene influencia, se pronuncia acerca de varios temas, como las formas de matrimonio, los ritos funerarios, los deberes de los reyes, el sistema de castas, la superioridad de los brahmines, el concepto de karma y la naturaleza del alma. En el siglo IV, la estabilidad política volvió a la India central y del norte cuando una dinastía conocida como los guptas se alzó con el poder en Magadha. Bajo el gobierno de Chandragupta II (h.380-h.415), nieto del fundador de la dinastía, la antigua India alcanzó su cénit cultural, y poetas,
científicos y filósofos fueron recibidos en la corte. Los emperadores guptas dieron más poder a los gobiernos locales y aseguraron que los beneficios de las tierras fuesen recogidos con mayor eficacia. Carreteras bordeadas de numerosas posadas unían las bulliciosas ciudades entre sí, y el comercio floreciente trajo más riqueza al Imperio. Los monasterios budistas surgieron por todas partes y los sacerdotes hindúes disfrutaron del mecenazgo imperial. Esta época de paz y prosperidad continuó hasta el siglo V, cuando los primeros indicios del movimiento bhakti, en el que las personas expresaban su amor y devoción a un dios particular, surgieron en el sur de India. Este movimiento marcó un giro alejándose del panteón védico de deidades de la naturaleza hacia los dos diferentes cultos de adoración monoteísta de dos insignificantes dioses védicos: Visnú y Rudra, que fue más tarde conocido como Siva. Sin embargo, esta época dorada no iba a durar: hacia finales del siglo V, el trono gupta fue amenazado, pues los nómadas asiáticos conocidos como hunos blancos, iban incrementando sus ataques…
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sábado, 1 de marzo de 2014
Los secretos de Stonehenge
Stonehenge es el monumento prehistórico más famoso de la Tierra; una de las ruinas de piedra más misteriosas del mundo. Nunca ha sido “descubierto”. Antes de que llegaran los anglosajones, antes de los romanos, antes incluso de que apareciera el lenguaje escrito, Stonehenge ya estaba allí. Desde hace miles de años y de generaciones estos gigantescos bloques megalíticos han estado allí, repletos de secretos. Se desconoce con exactitud la finalidad que tuvo la construcción de este gran monumento, pero recientes investigaciones arqueológicas han aportado algunas explicaciones científicas al cómo y por qué se edificó y sobre quiénes, hace más de cinco mil años, comenzaron las obras de este incomparable y valioso testimonio de la cultura prehistórica.
Situadas en el contado de Wiltshire, a 48 km al norte del Canal de la Mancha y a 13 km al noroeste
de Salisbury, en medio de las suaves ondulaciones de la campiña inglesa, estas ruinas han sido motivo de numerosas historias y leyendas sobre grandes ceremonias y rituales. Por su carácter misterioso han sido reivindicadas tanto por místicos modernos, que aseguran que se trata del centro de una increíble fuente de energía, como por adoradores locales o, incluso, bromistas “paranormales” que, no hace mucho, trazaron enormes “círculos de cosecha” a modo de extrañas señales en los terrenos próximos con ayuda de una cuerda y un pedazo de madera y después explicaron a todo el mundo su farsa… Pero la verdadera historia de Stonehenge comenzó hace más de cinco mil años y engloba mucho más que el monumento que ha llegado hasta nuestros días.
Los trabajos arqueológicos comenzaron en 1901, y se realizaron periódicamente hasta 1964. Entonces se decidió dejarlo tal cual, con el fin de preservar lo que aún permanecía intacto, y las excavaciones fueron prohibidas por las autoridades. Los científicos aún hoy en día intentan dar respuestas a varios de sus enigmas. El arqueólogo inglés Julian Richards, autor de uno de los estudios más exhaustivos sobre el tema, destaca en sus investigaciones la importancia de los montículos funerarios o túmulos que salpican los alrededores de Stonehenge, algo que sólo se ha podido comprobar con una perspectiva aérea. Sobrevolando la zona, la visión desde el cielo ha permitido ver los rasgos del paisaje que lo rodea. Es el área que posee la concentración más alta de restos prehistóricos en todo el Reino Unido, algunos más antiguos que el mismo Stonehenge. Desde el cielo se ha podido ver que no se trata de unas simples ruinas, sino que representan toda una cultura.
En unos pocos kilómetros cuadrados hallamos, por ejemplo, el Cursus, una calzada que, hasta hace poco, se creía que era parte de un hipódromo romano hasta que se descubrió que en realidad databa de dos mil años antes de la invasión romana; y los Barrows, un campo de túmulos funerarios donde las excavaciones han sacado a la luz esqueletos humanos y joyas de cobre y bronce.
La parte más antigua de Stonehenge la forman una zanja y su terraplén, abiertos en un suelo calizo
que recién excavado brillaría con un intenso color blanco. Tiene forma circular abierta al noroeste y unos treinta metros de diámetro. Gracias a las pruebas del carbono 14 realizadas a las herramientas que sus constructores dejaron en el fondo de la zanja primitiva, hoy sabemos que las primeras obras se llevaron a cabo entre los años 3000 y 2920 a.C. Las herramientas que se utilizaron, durante la Edad de Piedra y en el período Neolítico, fueron picos fabricados con asta de ciervo.
La zanja de Stonehenge no es especialmente profunda, por lo que quizá no resultara demasiado complicado cavar con tan rudimentaria herramienta, pero en Grimes Graves, a 320 kilómetros al noroeste de Stonehenge, estos mismos picos de asta se utilizaron para cavar algo muy distinto: pozos mineros. En esta mina, los arqueólogos han descubierto estrechos pasillos que profundizan hasta nueve metros bajo tierra, tras los cuales el recorrido vuelve a la superficie. En algunas galerías aún se ven las marcas que dejaba cada golpe sobre la piedra e incluso huellas dactilares que datan de hace más de cinco mil años. Grimes Graves cuenta con cuatrocientos pozos neolíticos donde durante más de mil años trabajaron
duramente con estas sencillas astas de ciervo equipos de mineros en busca del recurso mineral más preciado en la época, una variedad de roca de sílice llamada sílex que encontraban en forma de nódulos de color negro brillante, lo que conocemos como pedernal. El sílex era el recurso minero más valioso de aquella época, la materia prima de una nueva economía. La extracción y el comercio de esta piedra se convirtió en una de las fuerzas motoras del mundo de Stonehenge, debido a que del sílex, convenientemente tallado, salían hachas y otras herramientas, lo cual supuso un gran salto tecnológico y social. Contra lo que pueda parecer, la talla lítica es un proceso muy técnico y preciso. Era imprescindible tener algunos conocimientos y pericia para convertir un pedazo de sílex en un hacha. Pero además a finales de la Edad de Piedra, estas herramientas sirvieron para talar árboles a gran escala, de modo que los pueblos nómadas que habían sido cazadores y recolectores se asentaron en comunidades y se dedicaron a la agricultura y la ganadería, dado que los bosques ya podían convertirse en granjas.
Al mismo tiempo que los hombres del Neolítico cambiaban su estilo de vida, comenzaba otra etapa en Stonehenge, que hasta entonces sólo era una zanja primitiva cavada con picos de asta. La nueva tecnología del sílex permitió levantar una estructura por el lado interior del talud compuesta por 56 vigas de madera que seguían la misma forma circular. No queda ninguna en pie, pero los arqueólogos han analizado el tipo de tierra que rellena los 56 agujeros sobre los que se asentaban, excavados también en el suelo calizo del lugar, y se ha podido saber que en cada uno se fijaba una viga de madera. Lo que ya no es posible adivinar es si, al igual que el posterior modelo en piedra, estos postes tenían troncos por encima a modo de dinteles. No se trataría del único monumento prehistórico construido principalmente con este material.
A unos escasos tres kilómetros de los bloques megalíticos de Stonehenge se encuentra Woodhenge –henge es el nombre que los arqueólogos dan a este tipo de edificaciones prehistóricas en forma circular-. Ambas ruinas prehistóricas siguen un plano de círculos concéntricos muy similar. Hasta el año 1920 se creyó que se trataba de los restos de un enorme túmulo funerario que hubiera sido despojado de la tierra. Sin embargo, al tomar las primeras fotografías aéreas se descubrió que cada uno de los puntos oscuros que aparecían marcados en el terreno indicaban la posición de un poste de madera y que todos juntos formaban un círculo. Pero este lugar encierra algo más que su similitud arquitectónica con Stonehenge. En el transcurso de
unas excava iones en el centro de la circunferencia que forma Woodhenge se desenterró el cadáver de un niño con el cráneo trepanado, posiblemente fruto de algún sacrificio ritual del que sólo podemos imaginar cómo pudo desarrollarse, pero no saberlo a ciencia cierta. Alrededor de los seis anillos concéntricos que lo componen se encontraron objetos que iban desde huesos de animales hasta cerámica muy ornamentada y, justo en el centro, la tumba del niño. Woodhenge contaba con una estructura de madera claramente con algún tipo de función religiosa y, aunque su construcción debió de suponer un gran esfuerzo, no dejaba de estar hecho a base de simples troncos. Si se compara ambos conjuntos prehistóricos, Woogenge es el equivalente a la ermita de la aldea o a la parroquia local; Stonehenge, con su estructura de piedra, sería la catedral. En Stonehenge no se han encontrado restos de sacrificios humanos, pero sí numerosos de incineraciones dentro de los agujeros donde se asentaban los primitivos postes de madera, Así que, durante cuatrocientos años, antes de que se talaran los árboles, antes de que los pueblos neolíticos que habitaban la zona reemplazaran la madera por los gigantescos bloques de piedra que conocemos hoy, Stonehenge fue, primero, un cementerio del que ha llegado a nuestros días incluso la ceniza de las piras funerarias.
Al final de la Edad de Piedra apareció en los alrededores de Stonehenge un enigmático hombre al que, actualmente, se ha dado en llamar el Arquero. Según recientes investigaciones, se sabe que tuvo que realizar un peligroso viaje hasta llegar a Inglaterra y que tenía las suficientes habilidades y conocimientos para comenzar una revolución. Fue enterrado a unos cinco kilómetros de Stonehenge, alrededor de 2500 a. C.En el año 2002 de nuestra era, el doctor Andrew Fitzpatrick excavó su tumba y examinó sus huesos y sus dientes, ya que a medida que crecemos en ellos se almacena una huella química de nuestro entorno. Según este estudio, el Arquero provenía de
un lugar más frío que las islas Británicas; posiblemente de los Alpes o Europa Central. Este largo viaje a través de Europa, cruzando el canal de la Mancha, debió de ser extremadamente peligroso, pero el Arquero lo coronó con éxito y se convirtió en un hombre de gran relevancia en su nuevo hogar. Quienes lo enterraron nos dejaron buena prueba de esto al inhumarlo con casi cien objetos de valor, cuando lo habitual para una sepultura rica eran unas diez posesiones. Junto con piezas de cerámica y utensilios del Neolítico, se hallaron tres cuchillos de cobre y el oro más antiguo descubierto en Gran Bretaña. El Arquero, en su viaje, llevó los conocimientos necesarios para trabajar el metal. El hallazgo más importante de su tumba es, paradójicamente, la pieza más vulgar: una simple piedra negruzca que contiene restos de oro y cobre, lo que demuestra que el mismo Arquero sabía trabajar el metal.
En opinión del doctor Fitzpatrick, el descubrimiento de la metalurgia en las islas Británicas fue coetáneo a la llegada del Arquero, quien a su vez, fue testigo, casi con seguridad, de la llegada de los grandes bloques de piedra y de la épica construcción de Stonehenge. Él trajo algo nuevo y supuso la oportunidad de un nuevo orden. En su tiempo dos cosas coincidieron: el comienzo de la construcción de un gran templo y la introducción del metal.
La respuesta a cómo el descubrimiento del metal estaba transformando el mundo de Stonehenge se encuentra en el norte de Gales, en una de las zonas mineras más antiguas de Europa, y en la mina de cobre más grande del mundo: Great Orme. Se estima que desde el año 4000 a.C. ya se estaba extrayendo mineral en ella, trabajos que duraron hasta aproximadamente 2900 a.C.Great Orme fue descubierta en 1987 y desde el primer momento los arqueólogos que la estudiaban comprendieron que las minas estaban organizadas a una escala de tales proporciones que superaba a cualquier otra explotación minera prehistórica. Los extractores de mineral neolíticos retiraron más de cien mil toneladas de mena de aquellos pozos gigantes y llegaron a cavar a más de sesenta metros bajo tierra. Donde antes estaban las rocas con vetas de mineral ahora hay enormes pero impresionantes cámaras vacías.
En Great Orme pudieron haber trabajado más de mil personas durante sus picos máximos de
producción, mientras que en la explotación de sílex de Grimes Graves no lo hacían más de veinte personas a la vez, y sobre un solo pozo. De hecho, a pesar de que únicamente se ha investigado un 5% de Great Orme, hasta ahora se han encontrado treinta mil huesos de animales y miles de martillos de piedra –que pudieron ser las herramientas con las que se excavó la mina- y ocho kilómetros de túneles que datan de la Edad de Bronce. En las entrañas de estas galerías se han hallado numerosas pruebas de cómo y con qué fines se organizó este ingente número de trabajadores. Por lo general las prospecciones mineras empezaban cuando se localizaba malaquita en la superficie. En tal caso se comenzaba a profundizar en el suelo hasta que la veta de mineral se agotaba. Entonces, los mineros simplemente buscaban otra. Después sólo había que reducir la malaquita a polvo y mezclarla con carbón igualmente machacado. De la reacción entre ambos surgía el cobre puro. En la mina de Great Orme eran maestros en el arte de la extracción del metal de las rocas. Y con ello comenzó una nueva era. Con el cobre se fabricaban millones de joyas y adornos rituales. El deseo de poseer estos objetos se convirtió en el motor de una expansión económica sin precedentes y unos avances tecnológicos que corrían a pasos agigantados.
Pero, ¿qué importancia tiene el descubrimiento del metal en la historia de un monumento que por aquel entonces se estaba construyendo en piedra? El aprovechamiento del cobre dotó a sus constructores de grandes riquezas y altas cotas de poder en una sociedad que estaba cambiando su definición de ambas. Quien podía trabajar y comerciar con los metales se convertía en un potentado y ostentaba nuevos símbolos de estatus. Del mismo modo que hoy llevamos joyas de oro o un reloj llamativo, el hombre prehistórico portaba una daga de cobre brillante o una bonita y reluciente hacha del mismo material. Las rocas de Stonehenge están decoradas con imágenes de utensilios de metal, lo que da fe del valor que tenían estos objetos para los pueblos de la Edad de Bronce. Pero el mayor símbolo de estatus social y económico era el mismo Stonehenge. Los arqueólogos han demostrado que casi la mitad de los bloques que forman el monumento llegaron
desde la costa oeste de Gales a 241 km de Stonehenge. Hoy en día el mismo tipo de rocas, llamadas dolerita jaspeadas, está desperdigado por la misma campiña galesa de donde salieron hacia Stonehenge. La cuestión es cómo pudieron transportar trescientas toneladas de roca hasta allí antes de la invención de la rueda. Para comenzar, lo primero que necesitaban eran cuerdas. Las fabricaban a partir de las fibras del tallo de la ortiga, una planta muy corriente en la región y recurso agrícola muy valioso y fundamental para muchos pueblos primitivos en todo el planeta. El proceso era muy sencillo: de los tallos de la planta se sacaban unas hebras que se enrollan, manteniéndolas en tensión. Las retorcían sobre sí mismas, hasta conseguir una cuera muy prieta, de diferentes grosores, muy eficaz y capaz de soportar mucha tensión. Así, con una gran cantidad de fibra y los trabajadores necesarios se podían crear sin dificultad sogas capaces de levantar megalitos del tamaño de los de Stonehenge.
El hecho de que los constructores de Stonehenge poseyeran la tecnología suficiente para realizar excavaciones con sus hachas de sílex y convertir fibras vegetales en cordaje no aclara el enigma de cómo pudieron mover las inmensas rocas que se alzaron. Algunos expertos piensan que los obreros prehistóricos construyeron plataformas de madera, una especie de trineos, para arrastrar las piedras, una técnica que ya habían desarrollado para algunas de sus tumbas primitivas erigidas con rocas de gran tamaño. Sin embargo, el uso de una plataforma de madera bajo la roca, que al moverse reducía la fricción
contra el suelo y hacía más fácil su transporte, no parecía ser suficiente. La clave estaba en que estos pueblos primitivos también disponían de técnicas de carpintería muy avanzadas que les permitieron construir calzadas de madera con trabajos de ebanistería muy complejos, que utilizaban, por ejemplo, para salvar áreas pantanosas. Si tenían la tecnología, los recursos naturales y los trabajadores necesarios, no es nada descabellado pensar que fueran capaces de montar una de estas vías de madera para transportar la piedra hasta Stonehenge. Así, la teoría es que la plataforma de madera se deslizaba sobre una calzada igualmente de madera mediante un sistema de rodillos, antecedente de la rueda, con lo cual se reducía aún más la fricción y era posible transportarla a una velocidad razonable entre varios hombres. Con estas investigaciones se sabe que, tan pronto como terminó la Edad de Piedra y llegó la Edad del Bronce, el hombre primitivo fue capaz de levantar grandes bloques de piedra y, sea como fuera, transportarlos con un enorme esfuerzo y erigir todas las rocas del monumento.
Pero, ¿con qué finalidad? En este punto surge otra de las incógnitas de Stonehenge.
Lo cierto es que es difícil saber con exactitud cómo era el aspecto que tendría Stonehenge en aquella época; cómo fueron los mil quinientos años de evolución desde una pequeña zanja en un montículo a una estructura de madera, hasta finalmente convertirse en una compleja construcción, como hoy se aprecia entre los bloques que quedan en pie, abierta a una gran avenida orientada al nordeste. Y es que, según aseguran muchos expertos, su especial orientación nos desvela el enigma de la construcción de Stonehenge: se trata de un observatorio astronómico, uno de los primeros construidos por el ser humano. Se cree que estas grandes rocas, conocidas como Sarsen, estaban dispuestas alrededor de una
circunferencia de 30 metros de diámetro. Dentro de ésta, había otro círculo de 23 metros de diámetro hecho con unas sesenta rocas azules de menor tamaño, de casi dos metros de altura aproximadamente. En el centro del complejo de Stonehenge hay otras dos formaciones dispuestas a modo de herraduras, con la particularidad de que la altura de los bloques de piedra estaba regulado desde las más pequeñas en los extremos hasta las más altas en el centro de la herradura. La abertura orientada al noroeste se siguió conservando, convertida ya en una avenida para procesiones.
Esta orientación hacia la salida del sol no es en absoluto casual. Durante el día más largo del año, el sol llega justo al centro de Stonehenge. Nuestros antepasados más remotos festejaban este solsticio de verano utilizando la luz, la piedra y la sombra. Entonces, esto significa que conocían un dato de enorme importancia cosmológica. Aquellos primitivos comprendieron el ciclo que resulta del giro anual de la Tierra alrededor del Sol y la enorme importancia de las estaciones en su supervivencia hasta el punto de llegar a construir este impresionante monumento de piedras ciclópeas. Para ello hicieron falta más de mil quinientos años y, aún hoy, cada 21 de junio, en el solsticio de verano, Stonehenge nos recuerda que toda nuestra existencia se desarrolla alrededor de los ciclos de la naturaleza. Pero además de su significado material, Stonehenge refleja un cambio en la espiritualidad del hombre
primitivo. En el curso de la Edad del Bronce, esta veneración del sol irá creciendo, acompañada de un simbolismo nuevo que invadirá todos los dominios artísticos, tanto los grabados por incisión como la orfebrería y la quincalla. Discos, colgantes diversos, motivos cruciformes testimonian por su abundancia, a finales de la Edad del Bronce y principios de la del Hierro, el triunfo de las creencias solares. Tenemos, por tanto, la impresión, aunque no la certidumbre, de que las divinidades uránicas o cósmicas comienzan a suplantar a los dioses y genios telúricos de la fertilidad, que anteriormente derivaron de las creencias animistas. Leer Mas...
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