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lunes, 22 de septiembre de 2014

Las vestales romanas




Vesta era la diosa que gobernaba el centro de la casa romana: el hogar doméstico. Se le rendía culto en familia. El templo de Vesta, en el Foro, albergaba el fuego sagrado, atendido constantemente por las seis vírgenes vestales.

A pesar de sus privilegios y de la admiración pública que despertaban, la vida de estas doncellas no resultaba nada fácil. Cada año se elegían por sorteo seis niña patricias físicamente perfectas y con edades entre los 6 y los 10 años, para servir a Vesta. Una vez escogidas, afrontaban un periodo de treinta años de casto servicio en el Templo de Vesta. Pasado este tiempo, quedaban en libertad para contraer matrimonio, aunque sólo muy pocas se casaban.

Durante su tiempo de sacerdocio, la principal obligación de las vestales era asegurarse de que el fuego sagrado del templo no se apagara nunca; de lo contrario, la sacerdotisa responsable sería flagelada. Se creía que el bienestar del Estado dependía del culto a Vesta y de la virginidad de sus servidoras; si alguna sacerdotisa perdía dicha condición, se la enterraba viva, y el hombre infractor era flagelado hasta la muerte. No obstante, en los mil años de historia del templo, tan sólo 18 sufrieron esta muerte.

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domingo, 21 de septiembre de 2014

¿La esponja es una planta o un animal?


Los biólogos catalogan todas las especies vivas, de las que hoy conocemos bastantes más de dos millones. Pero su tarea continúa incansable, pues todavía queda muchísimo trabajo por hacer. Los científicos clasifican a los seres vivos en cinco categorías: reino animal, procariotas (bacterias), protistas (algas), hongos y vegetales (también llamados plantas superiores).

Simplificando, digamos que los animales se distinguen de los vegetales por lo siguiente: en primer lugar, por su capacidad de moverse libremente para procurarse el sustento y reproducirse. Después, los animales poseen un sistema nervioso más o menos desarrollado que les permite recibir estímulos del medio, analizarlos y responder a ellos. Por último, poseen facultades que les confieren la aptitud de desarrollar un comportamiento psíquico, especialmente la especie humana.

Sin embargo, para distinguir con precisión si un ser pertenece al reino animal o vegetal, los científicos deben a veces recurrir a criterios muy complejos, como la estructura de la pared celular o el modo de nutrirse. Al revés que los procariotas (cuyas células carecen de núcleo verdadero), los eucariotas (animales y plantas superiores) poseen células que contienen un núcleo y están delimitadas por una membrana. La membrana de los animales no contiene celulosa. Otra distinción es el modo de nutrición: por ejemplo, las plantas clorofílicas pueden absorber los elementos orgánicos que necesitan gracias a la fotosíntesis, mientras que los animales deben buscar su alimento.

Todo esto no aclara nada al profano que, en algunos medios acuáticos, apenas sabrá distinguir un alga de una esponja. Pues bien, los espongiarios son sin duda una rama del reino animal, con unas 9.000 especies.

Las esponjas, casi todas seres marinos (aunque hay algunas de agua dulce), poseen un esqueleto calcáreo, silíceo o de materia orgánica, y células nerviosas. Sus tejidos están atravesados por dos tipos de agujeros muy distintos: uno (o varios) grandes y otros más pequeños. Los investigadores han descubierto una circulación de agua, que entra por los orificios pequeños y sale por el grande o los grandes. Toda la intensidad de la vida de la esponja, y su proverbial serenidad, van específicamente ligadas a ese baile del agua que le aporta el oxígeno y los nutrientes (microorganismos) necesarios.

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martes, 16 de septiembre de 2014

Las viviendas romanas






Desde los tiempos de Augusto y durante los dos siglos siguientes, gracias al crecimiento y fortalecimiento del poder imperial, los emperadores habían establecido su residencia principal en Roma, y construido sus grandes palacios sobre la colina Palatina con vistas al Foro.

Augusto presumía orgulloso de haber encontrado la ciudad de Roma construida a base de ladrillos y dejarla de mármol. Preparó un amplio programa de construcción, en parte para incrementar su propia popularidad, pero también para enfatizar una continuidad de su gobierno con el pasado. El primer edificio público fue un templo dedicado a la memoria de su padre adoptivo, Julio César. Pero también mandó finalizar la construcción de un foro y la basílica Julia, ambos iniciados por César. Más tarde añadió su propio gran foro, el Forum Augusti. Y le siguieron otros edificios más; con ellos Augusto dio confianza y un sentido de grandeza a la ciudad.

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lunes, 15 de septiembre de 2014

¿Cuánto pesa una nube?


Basta levantar la vista para contemplar la excepcional diversidad de la masa de nubes, de distintas formas y con características específicas.

Formadas por gotitas de agua o cristales de hielo muy pequeños y ligeros (hasta el punto de que se pueden mantener en suspensión en el aire), las nubes se forman por condensación o congelación del vapor de agua. Corrientes de aire caliente se elevan y se van enfriando, hasta que se condensan y se forma la nube. Mientras la masa del aire que asciende contenga vapor de agua suficiente, la nube sigue creciendo.

Pero también intervienen otros factores. Así, en función de la altura y la velocidad que alcancen las masas de aire que suben, la nube tomará una forma y estructura especiales. Por ejemplo, el aire caliente al que le cuesta más tomar altura se va a ir extendiendo en una capa ancha, espesa y grisácea que se queda a una altura inferior a tres kilómetros.

Anta tal riqueza y diversidad de estructuras y formas de estas masas de vapor de agua condensado, es imposible saber el peso medio de una nube. Porque, evidentemente, no se puede comparar los delgados filamentos fibrosos de un cirro con la enorme masa de un cumulonimbo cuyo diámetro puede llegar a 25 km. Pero un cálculo sencillo permite hacer algunas aproximaciones: un cumulonimbo “medio” de 1.000 km3 con una densidad de 0.8 gramos por metro cúbico, pesa 800.000 toneladas. Un cirro de un kilómetro cúbico y gotitas de una densidad de 0.15 gramos por metro cúbico, sólo pesa 150 toneladas.

Afortunadamente, tales masas no caen de golpe sobre nuestras cabezas. De hecho, las gotitas permanecen en suspensión mientras el aire pueda sostener su peso. Pero la intensa actividad que hay en el interior de una nube (corrientes y torbellinos) y su desplazamiento horizontal a velocidades más o menos grandes, someten a sus partículas a mutaciones permanentes: se elevan, engordan al fusionarse, se aglomeran hasta hacerse demasiado pesadas y por eso caen, estallan y se precipitan al suelo en forma de lluvia.

Pero si el aire en altura alcanza muy bajas temperaturas, el agua se hiela y forma cristales de hielo cuyo peso les hace descender en la nube, aglomerarse y formar los copos que seguirán cayendo y calentándose poco a poco para producir la nieve o el aguanieve. Y el caer en el interior de una nube de tormenta, también puede suceder que las bolas de hielo bailen un curioso vals: se funden, se agregan a las gotitas de agua que se congelan inmediatamente a su contacto y vuelven a subir por efecto de las corrientes ascendentes.

Esa bola puede así pasearse varias veces e ir engordando cada vez con una nueva capa de hielo, hasta el momento fatídico en que los granizos toman peso y volumen antes de caer violentamente al suelo a gran velocidad (a veces de más de 80 km/h). Los meteorólogos tienen siempre bastantes dificultades para prever la aparición de violentas granizadas que suelen provocar graves daños a los cultivos.

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