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miércoles, 22 de octubre de 2014

¿Por qué el Super Glue es tan fuerte?






El pegamento Super Glue lo inventó en 1942 el doctor Harry Coove de la Eastman Kodak Company mientras investigaba materiales adecuados para crear piezas transparentes. En la búsqueda de un material apropiado para las miras plásticas de fusil, investigó las propiedades del cianocrilato de metilo, que tenía la molesta tendencia a engancharse a cualquier cosa con la que entrara en contacto.

El doctor Coover volvió a encontrarse con el cianocrilato de metilo nueve años más tarde, cuando fue supervisor de un equipo que trabajaba con plásticos resistentes a las altas temperaturas destinados a las cubiertas de aviones de guerra. Y, de nuevo, la sustancia resultó ser incómodamente pegajosa, pero, en esta ocasión, el doctor Coover cayó en la cuenta de que acababa de descubrir un nuevo tipo de adhesivo, uno que no necesitaba ni presión ni calor para adherir objetos entre sí. Sorprendentemente, la cola se activaba al entrar en contacto con cantidades ínfimas de agua, como por ejemplo la capa de humedad que cubre todas las cosas de manera natural. Kodak hizo suyo el producto y lo sacó a la venta en 1958.

La fuerza del Super Glue radica en su capacidad de transformarse en una cadena de enlaces extremadamente difíciles de romper a partir de una serie de moléculas individuales. Los electrones de las moléculas de agua afectan a las uniones de dos átomos de carbono de la molécula básica de cianocrilato, de manera que las convierte en un gancho de dos cabezas que puede enlazar otras moléculas de cola. A su vez, ello suministra electrones a otras moléculas y provoca la formación de una cadena de moléculas que une los objetos con una fuerza sorprendente.

Y el proceso es tan rápido y sensible al agua que los fabricantes de Super Glue lo mezclan con una pequeña cantidad de ácido para evitar que reaccione con demasiada facilidad. Una pizca de humedad –incluso la de una yema del dedo- resulta suficiente para debilitar el estabilizador ácido, y, entonces, se inicia el proceso de formación en cadena.

Aunque quizá le costara darse cuenta del potencial del Super Glue, el doctor Coover estuvo a la delantera al patentar su uso en cirugía para pegar tejido humano sin necesidad de puntos. En la guerra de Vietnam se puso en práctica por primera vez este uso de Super Glue, que en la actualidad se utiliza con frecuencia en la cirugía menor.

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¿Los parques eólicos pueden afectar al clima al interferir en las tormentas y los vientos?




Solo si eres un tallo de maíz. Los modelos informáticos de la física atmosférica sugieren que parques eólicos muy extensos podrían afectar al clima, pero solo al que hay inmediatamente bajo sus turbinas.

La temperatura del suelo que hay bajo un campo eólico con 10.000 turbinas puede aumentar 0.72 ºC, según una simulación descrita en el Journal of Geophysical Research. Los motores mezclan el aire y provocan que la humedad ascienda, con lo que el aire más cercano al suelo se calienta y se seca. Esto podría ser un problema para los cultivos justo debajo del parque eólico, pero, globalmente, el efecto no tendría mayores consecuencias. Las simulaciones dirigidas por la Universidad de Calgary revelan que aunque hubiera suficientes turbinas para producir 17 teravatios de electricidad –varias veces la estimación más generosa para el próximo medio siglo- cualquier cambio local se disolvería en la atmósfera.

Hoy en día, los parques eólicos son demasiado pequeños (el más grande tiene unas 600 turbinas) como para poder influir en la clima. E, incluso si pudieran, los beneficios de la energía eólica superarían con creces sus inconvenientes. Hay que pagar un precio (incluso por) las energías renovables. Pero cuando se tienen en consideración los costes del cambio climático y la calidad del aire, la energía eólica no tiene parangón.

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sábado, 11 de octubre de 2014

¿Qué es exactamente la atmósfera protectora en la que se envasa la comida del supermercado?




Dado que como consumidores rechazamos la comida en mal estado, un gerente de supermercado sabe que evitamos a conciencia elegir cualquier producto que no sea perfecto. El movimiento contra los conservantes ha obligado a los ingenieros de la industria alimentaria a hallar maneras más sofisticadas de que los productos se vean frescos durante más tiempo, entre ellas, la utilización de atmósferas protectoras. Dichas atmósferas se basan en la bioquímica responsable de que la comida se ponga mala; por ejemplo, el etileno que se libera durante la maduración es la causa de la decoloración de vegetales como el brócoli, y el que otros adquieran un color marrón responde a la acción de determinadas enzimas. La exposición de la carne al aire ambiental durante demasiado tiempo provoca en ella un desagradable aspecto amarronado, porque la oximioglobina responsable de su color rojo intenso se convierte en metamioglobina.

Durante el envasado en atmósfera modificada (MAP por sus siglas en inglés), el producto se sella con una mezcla especial de gases que ralentizan las reacciones bioquímicas culpables de los inconvenientes. Por ejemplo, un empaquetado rico en dióxido de carbono reduce el daño bacteriológico, llega a quintuplicar la fecha de caducidad de los vegetales y permite que la carne mantenga su buen aspecto durante al menos cuarenta y ocho horas; los envasados a base de nitrógeno aminoran el ennegrecimiento de los vegetales, y, para conservar el pescado graso, como el arenque y la caballa, se utiliza una mezcla de dióxido de carbono y nitrógeno a razón de 60/40.

La película transparente en la que se envuelve el producto también está alterada para evitar que la comida se estropee. Las películas depuradoras de tileno eliminan el gas que provoca la decoloración de los vegetales verdes.

Por lo visto, el principal reto de la actualidad es hallar maneras de reducir el índice de enmohecimiento del pan. En nuestra casa, al proceso técnico para ello lo llamamos comérnoslo, algo que tampoco está libre de efectos secundarios.

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¿Por qué el betún hace brillar los zapatos?


Percibimos los objetos como brillantes cuando éstos reflejan una buena cantidad de luz mediante líneas paralelas. Una superficie plana y lisa como un espejo consigue hacerlo a la perfección, mientras que las superficies rugosas hacen que la luz rebote por todas partes. La cera del betún rellena las irregularidades de los roces, por lo que consigue que la luz se refleje de un modo mucho más ordenado.

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