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martes, 17 de mayo de 2011

1931- Dalí: "La persistencia de la memoria"


Un fantasma que sirve de mesa, una calavera que copula con un piano de cola, unos huevos fritos suspendidos, un espejo melancólico… no cabe duda de que el mundo que aparece en los cuadros de Salvador Dalí es extraño. Se le ha criticado por ello, con frecuencia y severidad. Se le consideró neurótico, perverso y loco. Uno de los epítetos más inofensivos que le aplicaron fue “excéntrico erotomaníaco”. Nada de todo esto le molestaba lo más mínimo.


A los 25 años, el excéntrico catalán se enamoró de Elena Diakonova. La llamó Gala y, tan escandalosa como él, compartió con él el resto de su vida. Dali buscaba maneras ingeniosas de cortejarla: se cortó su mejor camisa tan corta que dejaba al descubierto el ombligo; se puso los pantalones del revés, se tiñó el pelo de las axilas de color azul intenso y se untó el cuerpo con una mezcla de paté de pescado, estiércol de pato y gelatina. Justo antes de que Gala entrara en casa se lavó aquella mezcla apestosa, se cambió de ropa y se dejó caer a sus pies, riendo histéricamente. Ella lo encontraba repulsivo, pero al terminar el año, prometió: “¡Mi niño pequeño! ¡Nunca nos abandonaremos!”

Dalí fue un niño que nunca creció. Malcriado por su permisiva madre, llevaba a cabo experimentos sádicos y sus informes escolares eran tan malos que, como cuenta un biógrafo, sus padres estaban deshechos. No obstante, todas aquellas estratagemas salvaguardaban de la intervención externa su creatividad desbordante, que surgía de una imaginación inagotable. Se convirtió en uno de los grandes visionarios del movimiento surrealista y la pintura moderna.


Influido por la psicología freudiana e inspirado por su propio subconsciente, apresó el mundo irracional de sus sueños, visiones y alucinaciones en sus lienzos con una meticulosa objetividad. Maníaco del detalle, escribió libros sobre todo lo que hacía y creó decorados de ballet y guiones de cine rebosantes de sus grotescos motivos. Dalí era, sin duda, un megalomaníaco obsesionado consigo mismo y colérico, por añadidura. Era a la vez anarquista y admirador de la monarquía y se le ha acusado de tener tendencias fascistas. Públicamente, proclamó su derecho a estar loco. Sin embargo, se supone que se basó en la prosaica realidad por lo menos para parte de su inspiración. Se dice que pintó “La persistencia de la memoria” después de comer queso camembert.
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domingo, 15 de mayo de 2011

¿Cuál es el origen de la expresión OK?



Hay muchas teorías sobre el origen del famoso okay (O.K) americano, que se extendió por Europa tras la Segunda Guerra Mundial. Hoy día esta abreviatura tan familiar se ha convertido probablemente en la palabra o expresión (¿cómo calificarla?) más utilizada en el mundo.

Así, prácticamente cada lengua catalogada en todo el planeta acepta y opina con la cabeza y pronunciando ese mágico okay. Además, la expresión no se limita a enunciar sistemáticamente un “sí” banal o rutinario. En efecto, un O.K. bien situado en una conversación significa aprobar, incluso autorizar, también permite controlar el matiz. Todos sabemos que se puede traducir por “de acuerdo” o “entendido”, sobre todo en el tipo de conversación siguiente: “O.K. ya voy”. Pero estas modestas letritas llevan la sutileza expresiva hasta un “todo va bien”. Por ejemplo: “Está O.K., ya podemos salir”.

A lo largo de décadas, las acepciones no han dejado de proliferar. Así oímos hablar de “vacaciones O.K.” (agradables), de una “respuesta O.K.” (correcta), de un “objeto O.K.” (en orden de marcha o listo para funcionar), de un “esquiador OK tras una operación quirúrgica satisfactoria”. En resumen, que ya sea en forma de adverbio o de adjetivo, a esta anodina abreviatura no le faltan recursos.

A imagen de este mosaico de significados, las historias extravagantes que pretenden explicar el origen de la expresión hunden sus raíces en un prolijo folklore. Por ejemplo, muchos piensan que okay puede proceder de la palabra okeh, que pronunciaban antiguamente algunas tribus indias para decir sí. Otros la atribuyen a Obadiah Kelly, un famoso empleado de los ferrocarriles que tenía por costumbre poner sus iniciales al pie del albarán que autorizaba a un tren de mercancías a salir del muelle, pero sólo cuando todo estaba en orden. Es decir, cuando estaba O.K.

Hay otra explicación que hace referencia a la guerra de Secesión norteamericana que enfrentó a
23 estados del norte contra 11 estados del sur entre 1861 y 1865. Una guerra civil que se saldó con la victoria del norte, antiesclavistas y proteccionistas. Los soldados que redactaban cada día el parte de actividades indicaban el número de muertos, y cuando no había desaparecidos en combate en su bando, escribían 0 K (“0 killed”, es decir, cero muertos). Por añadidura, este O.K. tuvo un doble sentido, pues daba a entender que todo había transcurrido bien a lo largo de la jornada. Pero en esa época la abreviatura ya tenía varios años de existencia y, por tanto, no debe su origen a esa terrible guerra de Secesión, que llevó a la muerte a 617.000 soldados. Es decir, que no hubo muchas ocasiones de escribir O.K.

Dentro de las explicaciones fantásticas figura la de los barcos que atracaban en un puerto de Haití que se llamaba Les Cayes. Los marineros que llegaban a esa ciudad, situada en la costa sur de la isla, bañada por el Caribe, tenían la costumbre de decir que se dirigían aux Cayes, pronunciado en francés o Key. Y como la ciudad tenía el mejor ron de la isla, los marineros tomaron por costumbre designar la calidad de una buena mercancía haciendo referencia a la fama de la bebida de su puerto favorito. “This is really Aux Cayes stuff” da entonces una especie de conformidad a un producto. Algo así como “es de buena calidad”, entendiéndose que era como el ron de Les Cayes.

Esta explicación, de vivos colores y aromas exóticos, prevaleció durante algún tiempo. Hasta que Allen Walker Read, profesor de la universidad americana de Columbia, puso a todos de acuerdo. Demostró que esa enigmática abreviatura viene en realidad de la expresión oll korrect, una deformación cuanto menos chusca de all correct. Pero ¿de dónde podría venir esta variante cómica?

Sencillamente, de una forma humorística de escribir ciertas frases o expresiones dejándolas en sus iniciales, pero añadiendo una explicación. Esa manía, aparecida al final de la década de 1830, tuvo un gran éxito en los diarios de Boston, en los que se utilizaba K.Y. en vez de know yuse (no use, que significa “no vale la pena”); N.S. en vez de nuff said (enough said, “ya hemos dicho bastante”). Y, por supuesto, muchos O.K. en vez de oll korrect (all correct, “todo en orden”), reseñado por primera vez en marzo de 1839.

Mientras que las demás abreviaturas no aparecían en los artículos o dibujos más que de vez en cuando, O.K. se fue introduciendo rápidamente en las conversaciones de la vida diaria y se impuso rápidamente. Quizá porque además supone cierto sentido del humor, puesto que ni la O ni la K son correctas.

Y, por si fuera poco, un hecho político de importancia se encargó de promocionar la expresión. En 1840, Martin Van Buren (1782-1862) hacía campaña para su reelección como presidente de Estados Unidos. Nacido en el pueblo de Kinderhook, Estado de Nueva York, el octavo presidente de Estados Unidos elegido en 1837 no las tenía ni mucho menos todas consigo.

Los partidarios de Van Buren, ya muy baqueteados en el arte del marketing político, buscaban
febrilmente un eslogan que pudiera tener impacto. Entonces decidieron utilizar esas abreviaturas humorísticas tan de moda, y se decidieron por el O.K. adornando a su candidato con el simpático sobrenombre de Old Kinderhook, como llamaban a su pueblo. Así que las dos letras se convirtieron en el símbolo (y las siglas) bajo las que se apiñaron los partidarios de Van Buren, que incluso fundaron el O.K.Democratic Club para promocionar las ideas de su candidato.

En esa época los americanos ya sabían divertirse durante las campañas electorales. Y los adversarios de Van Buren se apropiaron de la expresión enseguida para ridiculizar el balance de los cuatro años anteriores del presidente. Así aparecieron numerosos O.K. por ejemplo, “orrible katastrophe” (horrible catastrophe, horrible catástrofe); orful kalamity (awful calamity, espantosa calamidad); out of Kash (out of cash, sin dinero) y muchas otras.

Al final, Van Buren sufrió una humillante derrota. Pero su sucesor, William Harrison, murió a consecuencia de una pleuresía el 4 de abril de 1841, un mes después de su toma de posesión. Con un frío glacial, había cometido la imprudencia de pronunciar su discurso inaugural con la cabeza descubierta. Sea como fuere, esta campaña electoral fue la que marcó el inicio oficial del okay.


Parece que el pueblo de Kinderhook enía que inscribir a toda costa su nombre en la historia de los orígenes del okay. Situado en el condado de Columbia, Estado de Nueva York, Kinderhook fue fundado por los colonos holandeses que se establecieron en la región a principios del siglo XVII, poco después de la exploración realizada por el inglés Henry Hudson del río y la bahía que llevan su nombre (1609-1610). Un siglo más tarde, los huertos de la encantadora región de Kinderhook darían sabrosas manzanas, muy solicitadas y comercializadas en cajas que llevaban una especie de certificado de origen: O.K. (por Old Kinderhook). Así, los consumidores se referirían a esas deliciosas manzanas O.K. para designar un producto de calidad.
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jueves, 12 de mayo de 2011

Los Testigos de Jehová (2)


Su nombre lo tomaron del capítulo quinto del Evangelio de San Lucas, en el que Jesús envía a sus discípulos a predicar su palabra y ser testigos del poder de Dios. Tal orden nunca fue rescindida, por lo que los Testigos de Jehová creen que hacen sencillamente lo que Jesús pidió a sus seguidores. Desde su fundación se les ha conocido por una variedad de nombres, como Russellitas o Estudiantes Internacionales de la Biblia.

Parten de una interpretación literal de la Biblia, negando la divinidad de Cristo, la Trinidad, la inmortalidad del alma y el infierno. En tal sentido, señalan que solamente los elegidos -es decir, los Testigos de Jehová- entrarán en el Paraíso; los demás volverán a la Tierra renovada, dentro de un reino que durará para siempre. También rechazan la Iglesia institucional en su proyección histórica, así como los sacramentos y el sacerdocio.

Creen que su objetivo en la vida es vivir al servicio de Dios y se espera de ellos que sigan estrictamente el código moral del movimiento, viviendo en una estructura social muy restringida en la que unos miembros se apoyan los unos a los otros tanto para su labor religiosa como en los aspectos de la vida cotidiana. De todos modos, aunque mantienen cierto grado de separación del mundo, trabajan y viven fuera de la secta y envían a sus hijos a colegios normales, si bien desaniman a seguir estudios universitarios ya que desaprueban la frenética carrera profesional y económica en la que vive sumida la sociedad contemporánea y consideran que los asuntos "terrenales" tienen mucha menos importancia que el mundo espiritual. También rechazan el servicio militar y cualquier contacto con las armas, participar en elecciones políticas (son neutrales políticamente) y en la mayor parte de los festivales religiosos y celebraciones seculares, como cumpleaños. En países donde el servicio militar es obligatorio, aceptan un trabajo social sustitutivo.

Practican un agresivo proselitismo, rayano en el fanatismo, y una disciplina férrea. La misión de su tarea misionera es convencer al no creyente de la verdad de su fe, no a través de una conversión dramática y súbita, sino mediante un lento proceso intelectual que lo convenza gradualmente de que los argumentos de los Testigos de Jehová son racionales. Los Testigos hacen este trabajo sin recibir compensación alguna y los denominados "pioneros" dedican hasta 70 horas mensuales a visitar puerta a puerta. Hasta tal punto creen que su labor misionera debe ser prioritaria, que dejan de lado cualquier pretensión profesional y aceptan trabajos mal pagados y de jornada reducida para disponer de más tiempo para su fe.

Los Testigos de Jehová han de aceptar las creencias y prácticas de su comunidad. Si actúan de forma incompatible con ello, pueden sufrir algún tipo de sanción. Para que la falta sea tenida en cuenta, la persona ha de confesar o bien han de existir al menos dos testigos que den cuenta del incorrecto proceder. Las transgresiones graves se afrontan como si se tratara de un juicio, con audiencias e interrogatorios ante los ancianos de la congregación. Si se les encuentr
a culpables, el castigo puede consistir en restricciones espirituales, reprobaciones públicas o incluso expulsiones de la comunidad. Esta última medida es la más severa y se aplica sólo en los casos de apostasía deliberada o la comisión repetida de pecados como embriaguez, robo o adulterio. Los Testigos creen que esta medida es necesaria para preservar la integridad moral y la limpieza de fe de la comunidad, pero también la contemplan como un acto de amor hacia los pecadores, puesto que estos pueden así tomar conciencia de su falta, arrepentirse y ser readmitidos.

Cada año se producen de 50 a 60.000 expulsiones en todo el mundo, de los cuales 30 o 40.000 son readmitidos en la fe. Mientras están "exiliados", los miembros de la congregación ejercen un veto social sobre ellos: no van con ellos de compras, al cine, evitan comer juntos... Las actividades cotidianas domésticas y familiares (siempre que no sean religiosas) están permitidas.

Los Testigos de Jehová creen que para adorar a Dios correctamente han de llevar una vida honrada, sincera y austera. Ello incluye:

- Considerar la vida como sagrada
- Evitar riesgos innecesarios para la propia vida
- Evitar deportes violentos que implican el daño deliberado a otra persona
- Prohíben el aborto o dañar animales por deporte.
- No están permitidas las madres de alquiler ni cualquier procedimiento que tenga que ver con la donación de esperma, óvulos o embriones.
- No comen la carne de animales que no hayan sido correctamente desangrados, puesto que creen que comer sangre es incorrecto
- Por supuesto, está prohibido mentir, robar y el juego. Ha de ser absolutamente honrado en sus acuerdos comerciales.
- En cuanto al sexo, están prohibidos: la masturbación, el sexo fuera del matrimonio, sexo "antinatural" incluso dentro del matrimonio, excesivas muestras públicas de afecto y homosexualidad.
- Aceptan que en algunos casos el divorcio es inevitable, pero volverse a casar no está permitido.
- Fumar y consumir drogas por mero placer está prohibido, puesto que convierten a su consumidor en un esclavo, dañan el cuerpo y son sustancias sucias.
- No se aprueban los arrebatos de violencia o enfado.
- No se aprueba la superstición ni la celebración de festivales profanos o festividades de otras religiones (incluidas las cristianas).
- Se deben evitar todas las formas de entretenimiento que puedan perturbar o atontar la mente, debiendo llenar éstas con pensamientos limpios conseguidos a través del estudio de la Palabra de Dios.
- Todas las razas son iguales ante Dios. Se oponen a cualquier movimiento que anime al odio racial o étnico.
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lunes, 9 de mayo de 2011

Los Testigos de Jehová (1)


Los vendedores de enciclopedias a domicilio han pasado a la historia desbancados por internet y la televisión. Pero los Testigos de Jehová siguen visitando todos los días las casas particulares, de dos en dos e impecablemente vestidos, en lo que puede considerarse como la mayor campaña de marketing de la historia: su intención es que seis mil millones de personas conozcan su mensaje. Su organización es ejemplar, su dedicación absoluta y su número creciente.

En 2010, los Testigos de Jehová afirmaban contar con unos 7,2 millones de miembros activos (es decir, aquellos que participan en la predicación) distribuidos en 107.000 congregaciones de todo el mundo. Desde mediados de la década de 1990, el número de miembros se ha incrementado de 4,5 millones a 7,5 millones. Las estadísticas oficiales publicadas solamente incluyen aquellos que, como hemos dicho, participan en una labor misionera, y no los miembros “inactivos” (que se limitan a acudir a las reuniones) o los miembros expulsados. Además, su tasa de retención de fieles es muy baja: solo un 37% de los nacidos y educados en el seno de esta religión continúan adheridos a ella al alcanzar la madurez.

Cada miembro rellena un formulario indicando cada una de las casas que ha visitado. In 2010, esos informes indicaban que se habían empleado unas 1.600 millones de horas en una labor proselitista que resiste las inclemencias meteorológicas, los perros violentos, insultos y evasivas. Convierten a algunos e irritan a muchos. Pero siguen adelante. ¿Quienes son?

Los testigos de Jehová forman una secta protestante, de carácter adventista, fundada en Estados Unidos por Charles Taze Russell en 1872. Nacido en una familia presbiteriana, Russell entró en 1870 en un conventículo de Allegheny, donde se reunía un grupo de adventistas que escuchaban a un tal Johan Wendell. El predicador insistía en que se estaban viviendo los últimos días antes de la llegada del fin del mundo. El tema tocó profundamente a Russell. A partir de entonces, y según él declaró, su vida espiritual ya no sería la misma, convencido de que estaba ya viviendo en un periodo terminal de la Historia. El relato de Russell parece distanciarse bastante de la realidad. Al parecer, se sintió atraído hacia aquella predicación apocalíptica no tanto por las palabras de Wendell como por el testimonio de otro adepto al adventismo: Nelson H.Barbour. Con el tiempo, Russell y Barbour dejarían de ser amigos y el fundador de lo que hoy son los Testigos de Jehová no juzgó oportuno hacer referencia a una persona que le había influido de manera tan radical

Barbour formaba parte de un grupo adventista que anunció el fin del mundo para 1854, 1873, 1874 y 1875 (dos veces). Russell vivió cerca de él al menos los últimos fracasos proféticos, pero aquello no hizo que su fe temblara. Adepto él mismo del adventismo -y en esto no se diferenciaba de otros adeptos-, aquellos desastres proféticos no sólo no conmovieron su fanatismo sino que incluso lo estimularon más. Tanto es así, que en 1876 se asoció con Barbour en la certeza de que ya se había dado el pistoletazo de salida hacia el fin del mundo y que éste estaba al caer.

Russell y Barbour insistían en que Cristo había vuelto -o, mejor dicho, estaba presente- desde 1874 y que en ese mismo año había comenzado el tiempo final que concluiría, con la destrucción de los gobiernos y las iglesias, en 1914. Sin duda, tal interpretación cronológica chocará a los Testigos de Jehová actuales. Para ellos, la fecha de 1874 no tiene ningún valor y se les insiste machaconamente en que el tiempo del fin comenzó en 1914. A partir de 1914 -tal se enseña hoy en día a los adeptos- hay que empezar a contar los años que nos restan hasta el fin del mundo. No fue así, sin embargo, como lo veían Russell y Barbour. En su opinión, 1874 era el punto de inicio y 1914 el del final.

Naturalmente, cuarenta años constituía un periodo de tiempo de espera un tanto prolongado y Russell decidió dar nuevos alicientes a sus adeptos. Así, profetizó que éstos no tendrían que esperar hasta 1914 para encontrarse con el Señor. En 1878 serían arrebatados al encuentro de Jesucristo en el aire. A tal fin -e imitando a sus antecesores adventistas-, los russellistas se vistieron con túnicas blancas y se fueron a esperar a Cristo al puente de Pittsburgh. No hace falta decir que el fracaso fue sonado.

La convivencia entre Barbour y Russell pronto dejó de ser buena. El segundo ya tenía todo lo que necesitaba para conseguir adeptos y no precisaba de su anterior mentor. Por un lado, sus doctrinas esenciales (identificación de Miguel Arcángel con Cristo, negación del infierno y de la inmortalidad del alma, predicación sobre la creencia del fin del mundo, etc.) ya las había tomado del adventismo. Por otro, para profetizar fechas del fin del mundo se bastaba y se sobraba. La sociedad se deshizo y Barbour cayó en el olvido.

En 1879, Russell se establecía por su cuenta y fundaba la Sociedad Watchtower (Atalaya). Dos
años después tendría el primer revés. Pretendió que en 1881, él y sus adeptos (esta vez sí) serían arrebatados por los aires al encuentro de Cristo. Aquello resultó excesivo para muchos de los que habían vivido la bochornosa experiencia de 1878 en el puente de Pittsburgh. Un grupo de cierta categoría, convencido de que a nada conduciría el insistir en hacer el estúpido vez tras vez, se marchó. Era el primer cisma que sufriría la secta a cargo de sus adeptos desengañados por las falsas profecías, el primero de una larga lista.

No obstante, Russell retuvo el control con relativa facilidad. Para ello, sólo tuvo que recurrir a dos lecciones que habían sido utilizadas ya por los adventistas. La primera fue afirmar que sólo Russell, el dirigente máximo de la secta, conocía e interpretaba correctamente la Biblia, mientras que las otras organizaciones religiosas, iglesias y sectas iban camino del desastre. La segunda consistió en azuzar a los adeptos hacia un fin del mundo que estaba a la vuelta de la esquina, que sería, con toda seguridad, porque así lo decía la Biblia tal y como la interpretaba Russell, en 1914. Era él en persona quien redactaba todas las publicaciones de la secta y ya se había ocupado de afirmar que su obra teológica era más clara que la propia Biblia y que incluso, en el fondo, resultaba equivalente. Según su punto de vista, no había habido un entendimiento claro de la Biblia durante siglos, pero, finalmente, él había aparecido para solucionarlo. Por ello, no podía haber ninguna disidencia.

Pero Russell distaba mucho de llevar la vida de un profeta. Su existencia estuvo jalonada de escándalos que en poco o en nada apoyaban sus pretensiones de haber sido elegido por Dios antes de su nacimiento para mostrar al mundo la verdad.

Primero fue el final desastroso de su matrimonio. Russell se había casado en 1879 con Mary
Frances Ackley. En un tempestuoso proceso que iba a durar de 1892 a 1909, Russell fue acusado por su esposa de adulterio y malos tratos. La secta diría años después que el matrimonio se separó como consecuencia de diversos pareceres en cuanto a la dirección de una revista. Nada más lejos de la realidad. Lo que está documentado es que Russell era un mujeriego y que en más de una ocasión había sido descubierto por su cónyuge en situación embarazosa. Con todo, no era eso lo que peor llevaba la sufrida Mary. Lo que más la hacía sufrir era el carácter despótico de su marido. La injuriaba soezmente, la insultaba delante de terceras personas y se complacía en hacerla pasar por desequilibrada mental. Aquella vida de sufrimiento había incluso terminado por agravar la erisipela que ya padecía la desdichada mujer. Cuando Rose Ball, secretaria del profeta, y Emily Mathews, criada de la casa, comenzaron a recibir atenciones de Russell, la situación doméstica se hizo insoportable.

No hace falta señalar que Russell perdió el proceso. Apeló. Volvió a perder. El tribunal sentenció que la sufrida esposa tenía derecho a separarse y a recibir una pensión. Russell, nada respetuoso por las obligaciones conyugales o familiares, se negó a pagar. Ante la posibilidad de que pudieran embargar sus bienes, cambió de domicilio la Watchtower, de Pittsburgh a Brooklyn. Pensaba -y no se equivocó- que el largo brazo de la ley matrimonial no le alcanzaría en otro estado de la Unión.

Pero no acabaron con esto los escándalos que rodearían la vida de Russell. A continuación
vendría el del trigo milagroso. El profeta estaba vendiendo a sus adeptos un supuesto trigo milenario que pretendía tener dotes milagrosas. Naturalmente, las cualidades supuestamente sobrenaturales del trigo se pagaban muy caras. Inicialmente, el trigo milenario costaba sesenta veces más caro que el valor del mercado. Para 1911, su precio ya era trescientas veces superior al normal. En septiembre de ese mismo año, un periódico de Brooklyn destapó el escándalo. Aquel trigo no tenía nada de particular, salvo el precio que pagaban por él a la secta los sufridos adeptos. Por lo demás, su valor agrícola era similar al de cualquier especie que se vendiera en el mercado. Russell se vio obligado a ir a los tribunales, donde fue condenado a pagar las costas. Apeló. Volvió a perder.

Nada ejemplar la vida de Russell a pesar de la manera en que le gustaba presentarse a sus
adeptos. Menos justificable sería el siguiente proceso en que se vería envuelto. Teniendo en cuenta que el fin del mundo iba a llegar al año siguiente (según sus profecías) aún es menos lógico que Russell se prestara a ello. Un pastor evangélico llamado Ross había publicado un folleto en el que sacaba a la luz algunos de los aspectos menos atractivos de Russell. Éste lo demandó. El resultado fue un desastre. En el curso de la vista, Russell cometió perjurio varias veces. El abogado de Ross le preguntó si sabía griego y Russell contestó que sí. Cuando el mismo abogado le puso delante un ejemplar del Nuevo Testamento en griego, el profeta se vio obligado a confesar que ni siquiera conocía todo el alfabeto de esa lengua. Por supuesto, Russell perdió -una vez más- el proceso.

En fin, 1914 llegó y pasó y el mundo permaneció en pie. No cayeron los gobiernos mundiales, ni sus adeptos fueron glorificados, ni se produjo la desaparición de la cristiandad. Sólo empezó una guerra que duraría hasta 1918. Russell era consciente de que había fracasado en sus pronósticos proféticos, pero, a la vez, podía percibir el fervor de una gente desconcertada. De 1909 a 1914, su secta había pasado de vender 711.000 libros a 992.000 y 22.8 millones de folletos. El profeta había encontrado un filón y no iba a abandonarlo sólo porque su vaticinio no se hubiera cumplido. El fin del mundo se pasó a 1915. Convenientemente -y sería un ejemplo seguido por sus sucesores en la secta-, Russell ordenó retirar algunas de sus obras pasadas y cambiar las fechas.

El fin del mundo tampoco se produjo en 1915. Se cambió entonces a 1918, y así se anunció con la
seguridad dogmática de siempre. No debía haber dudas. Se produciría la "caída completa del Israel espiritual nominal, i.e, Babilonia en 1918". Russell no llegaría a ver su último fracaso profético. Moriría antes. Desde el fin de 1915, su salud había empeorado considerablemente. Quizá se trataba sólo de una consecuencia física de tantos pleitos perdidos acompañados de un fracaso profético. Falleció el 31 de octubre de 1916 en Pampa, Texas.

Su muerte se presentó en el sentido de que "murió como un héroe". Por supuesto, se anunció que ya estaba con Dios desde el momento de su muerte. Los que hacían esta afirmación ignoraban, lógicamente, que, con posterioridad, las autoridades de la secta enseñarían que nadie había ido al cielo antes de 1918, sin exceptuar a Russell. Sólo sería uno de los numerosos cambios doctrinales -entre docenas- que experimentaría la secta en el curso de las siguientes décadas.

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domingo, 1 de mayo de 2011

¿Cuál es el origen del boicot?


Un boicot consiste en negarse a comprar, vender, o practicar alguna otra forma de relación comercial o de otro tipo con un individuo o una empresa considerados, por los participantes en el boicot, como autores de algo moralmente reprobable. Pero, ¿de dónde viene esta curiosa palabra –que se puede sustituir por “embargo”?

En 1880, los arrendatarios rurales del condado irlandés de Mayo, respaldados por la Liga Rural Irlandesa, se rebelaron contra los supuestos abusos de un recaudador de rentas inglés, el capitán Charles Cunningham Boycott, administrador de las posesiones irlandesas del conde de Erne –principalmente de la finca Connaught, situada en el propio condado de Mayo-. Los irlandeses estaban entonces en lucha por la independencia y el famoso orador Charles Parnell, miembro del Parlamento y presidente de la Liga Rural Irlandesa, había recomendado a los campesinos irlandeses que no trabajasen las tierras de propiedad inglesa y sometiesen a un total ostracismo social a sus dueños y arrendadores, a menos que el Parlamento inglés revocase la Ley Agraria que trataba de imponer.

En aquel contexto de rebelión social, el capitán Boycott fue la primera víctima del rechazo popular: las tiendas se negaban a venderle cosa alguna; se produjeron ataques contra sus propiedades e, incluso, su correo quedó bloqueado. Boycott, ante tal acoso, tuvo que marcharse de Irlanda. Paradójicamente, al regresar a Inglaterra se convirtió en uno de loS más eficaces defensores de los derechos irlandeses, hasta el punto de que, cuando volvió años después a Irlanda, fue aclamado por el pueblo. Este hecho histórico dio nombre desde entonces a lo que se ha conocido como “boicot”.
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