Son las ocho de la mañana de un día laborable y la consabida mezcla de nerviosismo y mal humor impera en torno a la mesa de la cocina. El uno ha perdido sus deberes, el otro su equipo de gimnasia; un día más, ya se ha hecho tarde para desayunar. De modo que los padres se limitan a sacar a sus hijos por la puerta; total, podrán sobrevivir hasta la comida. Pero… un momento, ¿No es el desayuno una comida crucial, tal vez la más importante del día? ¿De verdad es buena idea saltárselo?
El cerebro es un órgano de alto consumo energético. A pesar de suponer tan sólo el 2% del peso

El combustible del cerebro es un tipo de azúcar llamado glucosa. Se trata del principal combustible que usan todas las células del cuerpo, pero, a diferencia del resto de las células, las del cerebro no pueden recurrir a otros carburantes: dependen exclusivamente de la glucosa. Después de tomar algún alimento rico en hidratos de carbono –como cereales o pan-, el cuerpo se pone de golpe en acción y descompone los carbohidratos en glucosa. La glucosa se filtra al torrente sanguíneo y se distribuye por todo el cuerpo. Sin embargo, el cuerpo no permite que los niveles de azúcar en sangre se disparen tras una comida, sino que se asegura de que permanezcan estables día y noche. Lo hace segregando una hormona llamada insulina en el torrente sanguíneo.

Este proceso garantiza que siempre tengamos la concentración adecuada de glucosa en la sangre: el cuerpo está siempre retirando y almacenando glucosa (en forma de glucógeno) o acudiendo a sus reservas energéticas (de glucógeno) en los músculos y el hígado para segregar glucosa. De hecho, hay unos 5 gramos (una cucharadita) de glucosa disueltos en nuestra sangre en todo momento, incluso cuando llevamos horas sin comer nada con azúcar.
La cantidad de glucosa disponible en la sangre nos mantendría vivos durante menos de una hora, y tan sólo unos diez minutos si estuviéramos realizando algún ejercicio intenso. La glucosa almacenada en el hígado podría mantenernos vivos dos o tres horas; la de los músculos, entre diez y doce horas. Pasado ese tiempo, hemos de empezar a usar las grasas y proteínas del cuerpo para mantener estable el nivel de glucosa. Por eso las personas en las últimas fases de la inanición se “consumen” literalmente.
¿Qué pasa cuando uno despierta por la mañana, cuando no ha comido desde hace, pongamos, doce horas? ¿Se está consumiendo? ¿Puede sobrevivir hasta el mediodía sin tomar nada? Y aun más importante, ¿podrá funcionar con eficacia el cerebro de sus hijos si se saltan el desayuno?
“Un momento –me replicará-, todos nos hemos saltado el desayuno por lo menos una vez en la vida y


¿Son mejores para el desayuno los alimentos de IG bajo, al liberar la glucosa de manera gradual a lo

Los nutricionistas están de acuerdo en que el desayuno es una comida importante del día. Nadie se morirá de inanición si se lo salta, y su atención y demás habilidades mentales tampoco se resentirán mucho a lo largo de la jornada. Sin embargo, tomar comidas regulares es un modo estupendo de controlar el consumo de alimentos en niños y adultos.
Cualquier desayuno es mejor que ninguno, pero uno de IG bajo parece lo óptimo. Los nutricionistas sugieren que los alimentos de IG bajo son mejores en general que los de IG alto. Existen pruebas convincentes de que comer alimentos de IG alto contribuye a la obesidad, por ejemplo. Al liberar tanta glucosa de golpe en el torrente sanguíneo, el cuerpo aparta y almacena mucha más y está preparado para recibir más comida si ésta llega. Por desgracia, los alimentos de IG alto suelen ser más dulces y eso provoca adicción.

¿Cómo desayunar? :organización del desayuno
Lo primero que hay que plantearse para intentar hacer del desayuno la principal y más saludable comida del día es un cambio de hábitos. El trabajo, los niños, el autobús... todo son prisas por la mañana, por lo que en lugar de levantarnos más temprano decidimos recortar del tiempo que dedicamos al desayuno: un café bebido y un par de galletas no son suficientes para enfrentarnos a una jornada laboral- escolar con energía.
Evidentemente, el tiempo empleado para desayunar es una de las claves más importantes para que el

¿Qué desayunar?

Estos datos, realmente preocupantes, revelan que casi la mitad de la población de niños y jóvenes españoles desconoce la importancia del desayuno y su relación con el óptimo crecimiento y desarrollo intelectual. Además, permiten deducir que los familiares y personas de su entorno cercano tampoco conocen dicha relación o al menos no son conscientes de su importancia.
Pero los objetivos no sólo se deben basar en el mero propósito de conseguir un buen rendimiento

Como hemos dicho, un desayuno saludable es aquel que aporta cerca de la cuarta parte de las calorías consumidas diariamente. El desayuno ideal se debe dividir en una toma a primera hora de la mañana y otra a media mañana, para repartir las calorías y mantener estables los niveles plasmáticos de glucosa.
Entre el desayuno y la ingesta de media mañana se deben incluir básicamente tres grupos de alimentos:
1-Fruta
Los expertos recomiendan ingerir un mínimo de cinco raciones de frutas y hortalizas al día, y qué

Una excelente forma de consumirla es tomar zumo de naranja natural y recién exprimido para comenzar el día, ya que además del aporte de vitamina C, ayuda a regular nuestro intestino y refuerza las defensas de nuestro organismo. Eso sí, hemos de tener en cuenta que la fruta entera aporta una cantidad de fibra que no aporta el zumo.
2-Cereales:
Dentro de ellos están el pan, cereales de desayuno y las galletas.

Son también fuente de fibra, un carbohidrato que los humanos no podemos digerir. ¿Por qué comer algo que de lo que no podemos sacar energía alguna? Porque nos ayuda a sentirnos llenos durante más tiempo, por lo que disminuyen las ganas de picotear, además de reducir los niveles de colesterol y el riesgo de infarto.
Los cereales de desayuno son muy aceptados por los más jóvenes y además de trigo, arroz, maíz y avena, llevan incorporados azúcares, miel, chocolate o caramelo. Una ración de las recomendadas por el fabricante suele cubrir una parte importante de las ingestas necesarias de vitaminas y minerales para un individuo sano y, dado que estos productos se suelen ingerir con leche, el alimento resultante es de gran valor nutricional.
3-Lácteos

Los productos lácteos aportan fundamentalmente proteínas y aseguran la cantidad diaria necesaria de calcio, una sustancia imprescindible para el crecimiento y el fortalecimiento de los huesos por lo que está especialmente indicada para los más pequeños y mayores de la casa. Durante los últimos tiempos se ha introducido también la soja, que a menudo se ingiere en sustitución de la leche, sobre todo en el caso de las dietas vegetarianas. La soja aporta también abundancia de proteínas.
Asimismo, los productos lácteos contienen vitamina A, D y vitaminas del grupo B. En caso de estar a dieta, se aconseja tomarlos desnatados o bajos en grasas.
Existen otros productos que pueden integrarse en un desayuno ideal. Por ejemplo, el aceite de oliva, uno de los ingredientes estrella de la dieta mediterránea y muy recomendable por su alto contenido en ácido oleico. Las virtudes derivadas de su ingesta tienen que ver con su contribución al colesterol “bueno”. Se puede tomar sobre una tostada con una loncha de jamón. La miel contribuye con el azúcar a endulzar la mañana y nos llena de vitalidad.
¿Y los huevos? Duros, fritos, revueltos,... ¿son buenos o malos para el desayuno? Un huevo tiene

Ventajas de un buen desayuno
Cualquier persona que desayune adecuadamente tiene una serie de ventajas:

2) Controla mejor su peso. Curiosamente, la costumbre de no desayunar, o el hecho de realizar un desayuno deficiente, favorece la aparición de obesidad, y no la combate como piensa la inmensa mayoría de la gente. Estudios científicos han demostrado que la grasa corporal disminuye en ambos sexos al aumentar el porcentaje de calorías en el desayuno. Es fácil: tomar un desayuno nutritivo a primera hora de la mañana aporta suficientes proteínas, cereales y grasas saludables, por lo que el resto de la mañana disminuyen las ganas de picar entre horas.
3) Permite un mejor reparto de la energía. Además, el hecho de fraccionar las calorías diarias en 4 ó 5

4) Reduce el riesgo de que aumente el colesterol. Un desayuno adecuado evita el picar entre horas, algo muy importante a la hora de controlar el peso, y reduce el riesgo de un aumento de colesterol y de déficits de vitaminas y minerales.
5) Mejora el rendimiento físico e intelectual. Si no se desayuna, el organismo pone en marcha una serie de mecanismos (descenso de la insulina y aumento de cortisol, catecolaminas...) para mantener los niveles de glucosa en sangre. Estos cambios hormonales pueden alterar o condicionar la conducta e influir negativamente en el rendimiento físico o intelectual.
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