A comienzos de los años setenta, la discusión entre los partidarios y los detractores del Estado de Bienestar se encontraba en su punto álgido. Habían pasado ya más de dos décadas desde el final de la Segunda Guerra Mundial y los países occidentales habían desarrollado sistemas de protección y servicios públicos para sus ciudadanos que costaban una gran cantidad de dinero a los Estados. La pregunta que muchos se hacían era la siguiente: ¿De verdad resulta rentable el dinero invertido por las administraciones públicas?
La respuesta que algunos dieron a dicha pregunta era la creación de una renta básica universal, hoy en día asociada a proyectos de izquierdas como Podemos, pero que en su día fue defendida por economistas liberales como Milton Friedman como una forma de recortar el Estado de Bienestar. La lógica es palmaria: para un liberal que defiende la libertad del individuo frente a la del Estado, es preferible que sea el ciudadano quien gestione sus recursos en lugar de las administraciones públicas.
Con el objetivo de averiguar si realmente un pago mínimo mensual mejoraría la vida de los

Durante décadas, la mayor parte de los datos obtenidos del experimento Mincome durmieron en un almacén de Winnipeg sin que nadie se interesase por ellos, hasta que fueron redescubiertos por la socióloga Evelyn Forget, que publicó en el año 2011 el estudio definitivo sobre el experimento canadiense. En este, cada familia recibía una renta mínima mensual, salvo aquellas que ingresaban más de 13.000 dólares y tenían dos hijos o menos; las personas que trabajaban veían reducido este dinero en medio dólar por cada dólar ganado, una medida que tenía como objetivo premiar la búsqueda de empleo. La cantidad era altamente variable, de

Las conclusiones de Forget, expuestas en el artículo llamado «El pueblo donde no existía la pobreza», fueron altamente positivas. En primer lugar, fue capaz de desmentir la principal preocupación de los detractores de la medida, puesto que la motivación para buscar empleo y rendir en el mismo del principal trabajador de la familia no declinaba. Sin embargo, sí hubo un pequeño descenso en la ocupación de los adolescentes y las madres de niños pequeños, seguramente porque los primeros se veían librados de la necesidad de apoyar económicamente a sus familias y las segundas podían dedicarse a cuidar de sus hijos.
Este es uno de los puntos más discutibles de la investigación, puesto que los participantes eran

Además, se pusieron de manifiesto otra serie de efectos positivos para los habitantes del pueblo. Las visitas al médico se redujeron en un 8,5%, la salud mental de los ciudadanos mejoró y un mayor número de adolescentes terminó sus estudios. No sólo eso, sino que también descendió la violencia doméstica y el número de accidentes de coche, así como las hospitalizaciones psiquiátricas. Los efectos, por lo tanto, no sólo no perjudicaron al mercado laboral, sino que permitieron a sus habitantes vivir más

Hay que conocer las particularidades del pueblo para comprender de qué manera la introducción de estos ingresos mínimos influía en su bienestar mental. Dauphin era una ciudad de unos pocos miles de habitantes que vivía de la agricultura, y en la que la mayor parte de sus habitantes estaban autoempleados. Por esa misma razón, en el pasado habían convivido con una acuciante incertidumbre que la renta había hecho desaparecer.
“Mincome ofrecía estabilidad y predictibilidad; las familias sabían que iban a contar con algún

Aunque hoy algunos lo tachen de delirio radical, la realidad es que han sido los conservadores quienes, en países como Estados Unidos, más han apoyado esta medida. Por ejemplo, alguien poco sospechoso de izquierdista como Richard Nixon intentó sacar adelante el Plan de Asistencia Familiar en el año 1969, por el cual las familias americanas recibirían 2.500 millones de dólares. Sin embargo, fue tirado abajo en el senado por los demócratas.
Para finales de los años setenta, la economía global entró en crisis y el proyecto empezó a resultar demasiado caro para las arcas canadienses, lo que llegó al Gobierno a cancelarlo y a seguir almacenando los documentos durante décadas, hasta que en el año 2005 fueron redescubiertos por Forget. Un hallazgo que puede cambiar para siempre la forma en que gestionamos los recursos económicos del Estado.
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