La Planta Piloto para el Aislamiento de Residuos (WIPP por sus siglas en inglés) se encuentra en el condado de Eddy, en Nuevo México, y desde 1999 es un vertedero para muchos de los residuos radiactivos transuránicos de EEUU. El lugar fue elegido por su estabilidad tectónica y geológica y se calcula que en los próximos 35 años recibirá unos 38.000 envíos de residuos. No obstante, será inaccesible para las futuras generaciones, quizá en los próximos 10.000 años.
Los residuos transuránicos consisten más que nada en ropa, herramientas, telas, tierra y otros materiales que han sido contaminados con elementos radiactivos cuyo número atómico es mayor que el del uranio (principalmente plutonio). Son por tanto, residuos altamente peligrosos, un subproducto derivado de varios programas de investigación nuclear estadounidenses, y su eliminación supone un importante desafío.
Después de que se desestimara Kansas como lugar de almacenaje de estos residuos, se escogió la

Los residuos transuránicos se clasifican en dos grandes grupos: los de manipulación mediante


La WIPP está regulada por varias agencias, de las cuales las más importantes son el Departamento de Energía y el Departamento de Medio Ambiente de Nuevo México. Su acceso está estrictamente controlado, como es natural, y el recinto está rodeado por una enorme valla.

Mantener a la gente alejada del lugar es una de las preocupaciones principales, aunque igual de importante es asegurarse de que las futuras generaciones no se lo encuentran por casualidad. Por este motivo, un comité de científicos, antropólogos y lingüistas ha pasado años desarrollando un sistema para prevenir a las gentes de un futuro lejano para que se mantengan alejadas del lugar, mediante una serie de señales verbales y no verbales destinadas a indicar que la zona no es segura.
Pero, ¿qué implica esto en la práctica? En primer lugar, cuando la planta esté llena, se dispondrá un

Además de todo esto, se construirá con granito un punto de información en el centro del área donde están las instalaciones que tendrá mensajes escritos en varios idiomas, junto con pictogramas. Dos habitaciones más con la misma información se enterrarán en otros puntos del lugar y se mandará información a archivos del mundo entero para que los mapas, obras de referencia y otros se actualicen. Finalmente, de vuelta al recinto, se enterrarán de forma aleatoria unos discos de unos 23 cm de diámetro hechos de granito, arcilla o alúmina con mensajes escritos en uno de siete idiomas (inglés, árabe, chino, francés, ruso, español y navajo).
Rara vez un lugar que intenta mantener alejados a los intrusos da tantos detalles de su localización exacta.
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