El Banco de Inglaterra, que es el banco central del Reino Unido, se fundó en 1694 y tiene su sede en Threadneedle Street, en el corazón de la City de Londres, desde 1734. Desde 1797 lleva el apodo de “la anciana de Threadneedle Street”. Bajo tierra se encuentran las cámaras en las que se almacenan no sólo las reservas de oro del Reino Unido, sino también las riquezas de otros muchos países.
El oro es un metal peculiar. Aunque no se puede negar que es bonito y muy estable como elemento, hay que extraerlo de la tierra y está lejos de ser el metal más singular o útil del mundo.
Aún así, desde el principio de la civilización siempre ha sido adorado como símbolo de amor, belleza

Gran Bretaña adoptó el patrón oro en 1844, mediante el cual el valor de la libra esterlina quedó unido a un peso fijo de este metal. Incluso después de que abandonara el patrón en 1931, el oro ha seguido siendo la apuesta más segura, y a medida que la crisis económica atenaza el mundo desde hace unos años, se ha convertido en una inversión incluso más atractiva. A fecha de hoy, el Gobierno británico tiene unas reservas de oro de unas 312 toneladas en el Banco de Inglaterra, lo que equivale a 23.000 lingotes de oro de 24 quilates. Hay también oro por valor de miles de millones de

Cuando la institución se trasladó en 1734, sus nuevas instalaciones fueron las primeras del mundo en ser construidas específicamente para albergar un banco. A finales del siglo XVIII y a principios del XIX sir John Soane hizo varias ampliaciones al edificio, incluido un muro sin ventanas.
No obstante, los edificios de Soane fueron demolidos no sin polémica entre la Primera y Segunda Guerra Mundial, y sir Herbert Baker diseñó unas nuevas instalaciones con varios pisos de altura y, previsoramente, tres pisos bajo tierra. El edificio moderno cuenta con un muro de protección, no tiene ventanas en la planta baja y no conecta con ningún otro edificio.
Las cámaras acorazadas son enormes y cubren un área lo suficientemente grande como para


Hoy en día se accede a las cámaras a través de unas enormes puertas que se abren con unas llaves de casi un metro de largo (desde luego no se trata del tipo de objeto que uno pudiera guardarse distraídamente en el bolsillo). Mientras la llave se inserta en la cerradura, la persona tiene que proporcionar una contraseña a través de un micrófono.
La identidad del personal que trabaja en las cámaras es alto secreto, para eviar que sus familiares

Mientras todo ese oro está a buen recaudo en las cámaras, a los visitantes del museo del banco se les da la oportunidad de sostener uno de los lingotes. Pero cualquiera que desee poner sus manos en alguna otra cosa que contengan las cámaras debe saber que las probabilidades de éxito son escasas, y que más le valdría conformarse con ver la película de John Guillermin de 1960, “El robo al Banco de Inglaterra”.
No hay comentarios:
Publicar un comentario