Desde los tiempos de Augusto y durante los dos siglos siguientes, gracias al crecimiento y fortalecimiento del poder imperial, los emperadores habían establecido su residencia principal en Roma, y construido sus grandes palacios sobre la colina Palatina con vistas al Foro.
Augusto presumía orgulloso de haber encontrado la ciudad de Roma construida a base de ladrillos y dejarla de mármol. Preparó un amplio programa de construcción, en parte para incrementar su propia popularidad, pero también para enfatizar una continuidad de su gobierno con el pasado. El primer edificio público fue un templo dedicado a la memoria de su padre adoptivo, Julio César. Pero también mandó finalizar la construcción de un foro y la basílica Julia, ambos iniciados por César. Más tarde añadió su propio gran foro, el Forum Augusti. Y le siguieron otros edificios más; con ellos Augusto dio confianza y un sentido de grandeza a la ciudad.
La expansión de la civilización romana, particularmente en las provincias occidentales, había resultado exitosa, y la forma de vida en una villa (casa de campo), al igual que la imitación del diseño de las ciudades, se extendió por todo el Imperio. Para el aristócrata romano, la villa proporcionaba un retiro civilizado lejos del bullicio y el ruido de Roma. Al construir sus viviendas con la fachada hacia el exterior, dejando en la parte posterior el corral y los dormitorios de los labradores, los ricos podían hacer alarde de una posición cultural de aristócratas, y no de granjeros.
Las villas se construían en una gran diversidad de modelos diferentes, de acuerdo con las exigencias

La villa, con una decoración ostentosa, proporcionaba a su propietario un determinado estatus. Los salones públicos eran invariablemente los mejor decorados; algunas veces se les añadía un pórtico para dar una mayor sensación de grandeza. Pero las villas también ofrecían la oportunidad de escaparse de las anteriores viviendas, frías y húmedas, y, sobre todo, de disfrutar de la privacidad de los dormitorios individuales y de las casas de baño. Con toda probabilidad, las villas romanas fueron las primeras viviendas cómodas en la historia de la Europa occidental.
La villa típica, con sus estucados, suelos de mosaicos y columnas, dotaba a la campiña de una nueva

Las villas más lujosas de todo el Imperio tenían paredes cubiertas de yeso pintado y, para los días más calurosos, disponían de un patio bellamente decorado con columnas y una fuente o piscina ornamental.

Muchos de los propietarios de una villa trataban de ser autosuficientes; contaban con tejedores, bataneros, tintoreros, herreros y carpinteros propios. Con frecuencia, los muebles se hacían allí mismo.
El provinciano consciente de su posición adquiría mercancías procedentes de Italia o incluso de lugares muy lejanos. Las lámparas romanas eran muy populares: se alimentaban con aceite de oliva y su uso resultaba muy agradable, aunque mucho más caro que las acostumbradas velas, de

La cerámica aretina, con bellos relieves de color rojizo que representaban elementos de la mitología romana o escenas de la vida cotidiana, procedente de Arretium (en la actualidad, Arezzo), en la Italia central, también se extendió por todo el Imperio. Las tazas de vidrio de Aquileia gozaban de gran popularidad e invadían el norte. Éstas se guardaban en alacenas o en estantes dispuestos a lo largo de las paredes. Sólo en muy pocas viviendas se usaban artículos de plata. Hacia finales del siglo I d.C., gran parte de todos estos productos se fabricaban a nivel local, una evidencia de la gran demanda que había desarrollado el mercado de tales objetos de uso diario.
En las ciudades, el agua corriente llegaba hasta las casas a través de tuberías hechas de arcilla, plomo o madera, o se recogía en la fuente más cercana. Pero, en el campo, cada propietario de una villa debía preocuparse de su propio suministro de agua, bien recogiendo el agua de lluvia, construyendo

El agua era indispensable para la casa de baño, una parte fundamental de casi todas las villas. Las casas de baño más grandes consistían en tres habitaciones principales, una para cambiarse, una de agua caliente y otra de agua fría. Los suelos también se calentaban para proteger a los bañistas del frío. Algunas incorporaban un buen sistema de drenaje y, en muchos casos, el agua usada se volvía a utilizar para limpiar las tuberías conectadas a las letrinas.
Los romanos combinaban la dedicación a la higiene personal con la vida social. Tanto las casas de

Paradójicamente, esa gran comodidad de la que disfrutaban los romanos más adinerados consistía también en disponer de una mayor intimidad, la cual se obtenía gracias a los pequeños dormitorios individuales situados en las viviendas –una auténtica revolución en la vida social.
Con la llegada de la civilización romana, las provincias se beneficiaron de múltiples adelantos que les

Terminamos con un documento de la época, una carta de Plinio en la que describe con entusiasmo los placeres que disfruta en su villa situada en las colinas toscanas:
“Desde un extremo de la hilera de columnas se accede al comedor: a través de sus puertas plegables se puede apreciar el final de la terraza, el prado adyacente y una gran parte de la campiña…

En la esquina de la columnata se halla un gran dormitorio, justo frente al comedor. Algunas de sus ventanas asoman a la terraza y otras al prado, mientras que debajo y delante de ellas se encuentra una piscina bellamente ornamentada, que ofrece, simultáneamente, dos placeres: su aspecto y el agradable sonido del agua que cae en suave cascada y que forma una abundante espuma blanca al tropezar con el mármol. En invierno, esa habitación tiene siempre una temperatura muy agradable, porque en días soleados queda bañada por la luz solar y, cuando amanece nublado, se pone en funcionamiento la cámara del horno contigua, que emite vapores calientes.
Después de pasar por un largo y encantador tocador, que forma parte del baño, se accede al salón

Allí disfruto de una paz mucho más profunda; además, cuento con más comodidades y preciso de un menor cuidado personal. No necesito nunca ponerme la toga formal, ya que no hay vecinos que me puedan molestar; todo es paz y tranquilidad, factores tan importantes para disfrutar de una vida sana como el cielo claro y el aire puro de este lugar”

En una memorable descripción de la vida en una insula, el poeta Juvenal señala: “Vivimos en una

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