Vesta era la diosa que gobernaba el centro de la casa romana: el hogar doméstico. Se le rendía culto en familia. El templo de Vesta, en el Foro, albergaba el fuego sagrado, atendido constantemente por las seis vírgenes vestales.
A pesar de sus privilegios y de la admiración pública que despertaban, la vida de estas doncellas no

Durante su tiempo de sacerdocio, la principal obligación de las vestales era asegurarse de que el fuego sagrado del templo no se apagara nunca; de lo contrario, la sacerdotisa responsable sería flagelada. Se creía que el bienestar del Estado dependía del culto a Vesta y de la virginidad de sus servidoras; si alguna sacerdotisa perdía dicha condición, se la enterraba viva, y el hombre infractor era flagelado hasta la muerte. No obstante, en los mil años de historia del templo, tan sólo 18 sufrieron esta muerte.
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