En torno a la mafia se han acuñado numerosos tópicos que han codificado una imagen de ella en nuestro imaginario, especialmente a través de la novela “El Padrino”, de Mario Puzo, y de su trilogía cinematográfica. En ella se retrata un mundo de adscripción ítalo-siciliana que utiliza la extorsión y la violencia como modus vivendi y mecanismo de control social; que posee un código interno implícito para regular la actividad criminal (la autopercepción del mafioso como hombre de honor; el recurso a la omertá o venganza; la importancia de la familia); que constituye una organización clánica, piramidal y patriarcal para imponer orden en el mundo del crimen, y que, aunque sus negocios cambian al compás de las transformaciones económicas, permanece inmutable en su forma de actuar.
Sin embargo, El Padrino –obra centrada en el hampa de Nueva York- no ofrece un retrato de la mafia, sino una idealización de la misma. Ésta, además, no es extrapolable al conjunto de organizaciones mafiosas, pues no hay una mafia, sino que existen diferentes tipos de criminalidad organizada con diversas prácticas mafiosas. El universo de la mafia conforma un fenómeno complejo, diverso y sofisticado, en el que se mezcla gangsterismo, corrupción y globalización económica.
Por ejemplo, la mafia no es realmente una piovra, es decir, un pulpo con una cabeza y múltiples

En Calabria existe otra organización de tipo mafioso que se llama ´Ndragheta. El carácter rural y la geografía accidentada de esta región del sur de Italia han dado lugar a una estructura horizontal y endogámica: es decir, las familias de la

La Camorra es otra de las grandes organizaciones mafiosas que tiene su centro de actuación en Nápoles y la región de la Campania. Al contrario que las dos anteriores, tiene un origen urbano y está formada por centenares de bandas que se agrupan y disuelven con gran facilidad como si se tratara de una estructura atomizada.
Otras organizaciones mafiosas en Italia son la Sacra Corona Unita, en la región de Apulia, o la Nuova Camorra Organizzata de Cutolo. A pesar de que todas estas organizaciones son independientes, han desarrollado históricamente contactos entre ellos. Incluso se ha detectado que numerosos jefes de la ´Ndragheta y de la Camorra están afiliados a la Cosa Nostra, lo cual les ha otorgado gran capacidad de maniobra. Sin embargo, no podemos decir que entre ellas haya habido una unidad de acción y una dirección jerárquica única. Las organizaciones mafiosas tienden a uniformarse cada vez más, pero conservan elementos específicos que dependen de sus tradiciones históricas.
Pero, ¿qué es la mafia?
Mafia es hoy una de las palabras italianas más conocidas y difundidas a nivel mundial. Empleada en


Según algunos autores, la mafia sería el resultado de la incapacidad crónica del Estado para imponer el monopolio de la fuerza legítima en áreas cultural y económicamente periféricas. Es decir, las prácticas mafiosas substituirían la ausencia del poder estatal.
La palabra mafia apareció por primera vez en 1863, en una obra teatral popular siciliana de gran

Tras finalizar este proceso en 1861, conocido como Risorgimento, se constataron las dificultades de comunicación que había entre el norte y el sur del nuevo Estado-nación. Los funcionarios del nuevo reino, procedentes en su mayoría del norte, llamaron mafiosos a los bandoleros y a los prófugos del servicio militar, a los notables que regían los partidos municipales y a los pequeños delincuentes, a los enemigos del orden social y el orden político. Ellos usaron el término mafia para referirse a un Mezzogiorno bárbaro y primitivo, con independencia de su procedencia social.

La mafia surgió a partir de un fenómeno mucho más antiguo y conocido, el bandolerismo.
Se constata que los abundantes bandoleros que actuaban, sobre todo en la Sicilia centro-occidental, se

Por ello, en un mundo clasista como era la Sicilia del siglo XIX, ¿cómo se interpreta este contacto entre las diferentes esferas sociales? ¿Por qué los amigos de los bandoleros se encontraban a menudo contratados en las empresas agrícolas con cargos de vigilantes (“campieri”)? , ¿Por qué éstos recibían tratos de favor ante la justicia? ¿Cómo se explicaría el hecho de que en las zonas del latifundio de la Sicilia centro-occidental se confiase la dirección de las actividades agrícolas a los arrendatarios (“gabellotti”) que pertenecían a este mundo ambiguo, al margen de la legalidad?

La clase dirigente siciliana era incapaz de entender el concepto moderno de que la ley era igual para

Aunque los fenómenos mafiosos fueron comunes en todo el Mezzogiorno, la mafia, como tal, solo se manifestó en algunas zonas determinadas de Sicilia, con una desconcertante continuidad desde la segunda mitad del siglo XIX hasta nuestros días.
Actualmente, los medios de comunicación afirman que el objetivo de la mafia “moderna” es el enriquecimiento económico mientras que “la de antes” tenía otras finalidades bien distintas. Se trata de una idea totalmente equivocada. Naturalmente, la economía del siglo XIX en Sicilia era muy diferente de la actual. Se basaba en una agricultura y ganadería primitivas, en la extracción de azufre y en sectores agrícolas más adelantados como por ejemplo el de los cítricos. Pero estos recursos, que a nosotros hoy nos pueden parecer atrasados, eran los que en aquella época podían determinar el enriquecimiento y el ascenso social.

En cierto sentido, tanto los propietarios, que se quejaban de la falta de seguridad pública, como los funcionarios, que los acusaban de complicidad, tenían razón. Ambos eran al mismo tiempo cómplices y víctimas, porque estaban frente a una actitud de defensa ante condiciones difíciles, pero contribuían a hacer la mafia cada vez más fuerte en sus dos caras: una, como saqueadora y delincuente, identificable con el bandolero, y otra, como protectora, al límite de la legalidad, identificable con los vigilantes o campieri.
Algunos mecanismos de poder que tenía la mafia no eran muy diferentes de los de hoy en día. Muchos terratenientes del siglo XIX recibían cartas de scrocco, es decir, de extorsión, y se dirigían al mafioso para pedir protección tal como le sucede hoy al comerciante bajo pena de terribles represalias. Naturalmente, en un caso y en el otro, los extorsionadores y los intermediarios están compinchados y suele pasar que la victima conoce esta relación pero prefiere pagar y zanjar la cuestión. En otros casos, el acuerdo no existía, y eran los pequeños delincuentes quienes pagaban, con la vida, el intento de apropiarse del dinero de quien ya tenía acordado un “contrato” de protección.
En la Sicilia agrícola del siglo XIX, la actividad que triunfaba en el mercado del arrendamiento

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