(Continúa de la entrada anterior)
Otra pista apareció en la investigación. La presencia del velero Ouvea, que había zarpado del puerto de Auckland el día anterior al atentado, también olía a espionaje francés. Según la versión poco creíble de los implicados, Xavier Maniguet, un oficial retirado de la Armada francesa, especialista –cómo no- en submarinismo, había alquilado en París la embarcación por 90.000 francos, que pagó en efectivo, para aprender vela en el Pacífico sur, aunque al poco de comenzar la travesía le importó un bledo el desembolso y renunció a las clases. Escogió como tripulantes “para aprender vela” al subteniente Roland Verge, alias “Raymond Velche” y a los brigadas Jean Michel Berthelot, alias “Bartelo” y Eric Audrenc, alias “Andries”, los tres integrantes de la escuadra de nadadores de combate. Los cuatro fueron retenidos e interrogados cuando en el viaje de regreso, tras el atentado, tuvieron que atracar en Australia, procedentes de Nueva Zelanda. Algún tiempo después se lanzó una orden internacional de busca y captura contra ellos, ante el convencimiento de que habían estado involucrados directamente en el atentado.
Una tercera pista –empezaban a ser demasiadas- identificaba a una tal Frederique Bonlieu, en realidad llamada Cristine Huguette Cabon, que estuvo colaborando con la organización Greenpeace, aunque todo apuntaba a que sus verdaderas ansias eran conseguir información confidencial para poder preparar el atentado. Cabon habría sido la encargada de averiguar con todo detalle los planes de la organización para sabotear las pruebas nucleares de Mururoa y los nombres de todas las personas que les apoyaban. Tampoco pasó mucho tiempo antes de que se girara otra orden de busca y captura contra ella.

Fue la primera medida de un paquete preparado por el gobierno francés para limpiar su buen nombre y negar conocimiento y participación oficial en el atentado que había costado la vida al fotógrafo de Greenpeace. La siguiente acción consistió en filtrar a los medios de comunicación, dos días después del anuncio de Fabius, que efectivamente los dos detenidos en Nueva Zelanda pertenecían al servicio secreto francés y que estaban en una labor de recogida de información, pero que no tenían absolutamente nada que ver con el atentado.
Tricot tardó pocas semanas en publicar su informe, que tenía bastante que ver con las

Las coartadas del jefe del servicio de inteligencia, Pierre Lacoste, del ministro de Defensa, Charles Hernú, y del Gobierno perdieron todo sentido cuando el 17 de septiembre el diario Le Monde empezó a desvelar lo que realmente había ocurrido: Dominique Prieur y Alain Mafart habían colocado las dos bombas en el Rainbow Warrior y había al menos otros dos equipos de la DGSE apoyando la operación desde el exterior.

El día 22, en una decisión sorprendente, Laurent Fabius hizo una declaración pública en la que reconoció que la DGSE colocó las minas que hundieron el Rainbow Warrior. Al día siguiente, el nuevo ministro de Defensa, Paul Quiles, anunciaba –como ocurre siempre en estos casos- que habían desaparecido importantes documentos del caso Greenpeace, entre ellos los que explicaban quiénes dieron la orden para el sabotaje y con qué dinero se pagó la operación.
Sólo dos de los miembros del nutrido comando del servicio secreto francés fueron finalmente juzgados. El comandante Alain Mafart y la capitana Dominique Prieur escucharon el 21 de noviembre de 1985 en Auckland la condena a diez años de reclusión por homicidio involuntario e incendio criminal que les impuso el Alto Tribunal de Justicia. Los falsos esposos Turenge consiguieron reducir la previsible mayor condena al reconocer en el último momento su culpabilidad. Sir Ronald Davidson, presidente del tribunal, calificó el sabotaje contra el Rainbow Warrior como un condenable acto terrorista que constituyó una “violación de la soberanía nacional” y que los dos espías “planearon deliberadamente una acción de naturaleza terrorista, perpetrada por motivos de naturaleza política e ideológica”.
Mafart y Prieur nunca admitieron ser miembros del servicio secreto francés, asumiendo con

Nunca se ha llegado a saber con certeza si, como dijo el primer ministro Fabius, la

En 1995, diez años después del atentado, el jefe del grupo operativo, Jean Claude Lesquer, fue ascendido a general. Nada se sabe del resto de los integrantes del comando. Un nuevo Rainbow Warrior surca las aguas en defensa de la naturaleza. Su antecesor, cuyo hundimiento provocó un aumento considerable de afiliados a Greenpeace, yace bajo las aguas del Pacífico convertido en un arrecife artificial.
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