Para la industria maderera, los eucaliptos representan una fuente muy importante, hoy por hoy fundamental, de abastecimiento de materia prima. Su madera, dura y resistente, se puede utilizar en la construcción, en el entibado de minas y para calefacción, y también se puede aprovechar su celulosa. Sin embargo, los eucaliptos favorecen el empobrecimiento del terreno e impiden el desarrollo de otras especies en sus proximidades. En consecuencia, su plantación en zonas semiáridas es peligrosa, ya que los eucaliptos pueden acentuar la sequía del suelo, por lo que su presencia debería limitarse a terrenos pobres que no vayan a ser aprovechados para otros usos agrícolas.
El eucalipto pertenece a la familia de las mirtáceas, palabra latina derivada del vocablo myrtus,

En la actualidad, el eucalipto y su familia –que está integrada por cerca de 3.000 especies distintas, agrupadas en unos 100 géneros- han tomado un inusitado valor económico y una consecuente presencia en casi todo el mundo. Los representantes de tan vasta familia están distribuidos por los países tropicales y subtropicales de prácticamente todo el mundo, aunque su óptimo desarrollo sólo lo alcanza en Sudamérica y Australia. Es precisamente éste, el país austral, la cuna y el único hábitat realmente natural e idóneo para cerca de 600 especies de este género. Por eso, es normal asociar Australia con el eucalipto.

A este género, Eucalyptus, pertenecen algunos de los ejemplares arbóreos más altos que se

Los eucaliptos habitan en zonas diversas, debido a la gran plasticidad y a la adaptabilidad ecológica que presentan y a sus raíces largas que les permiten sobrevivir en medios en los que otros árboles sucumben. Pueden soportar largos periodos de sequía, pero, en cambio, no resisten muy bien las heladas y, en general, las bajas temperaturas.
El eucalipto prefiere los ambientes soleados y cálidos y tolera muy bien la proximidad del mar. Buena parte del territorio español ofrece una climatología perfecta para estos árboles y de ello

Muchas especies de eucaliptos –como, por ejemplo, el eucalipto común o azul- reciben el apelativo de árboles de la goma (Eucalyptus gunnii) por la sudoración resinosa que producen. Otras especies –entre ellas la de los llamados en Australia árboles de la menta (Eucalyptos piperata)- son llamadas cortezas de cuerda por la naturaleza fibrosa de su corteza interna. Los componentes de una tercera rama de la familia son denominados árboles de corteza de hierro, porque presentan una corteza dura de color gris. Estos últimos eucaliptos tienen una gran importancia económica debido sobre todo a su alto rendimiento maderero y a que de ellos se extrae, además, la llamada quina de Botany Bay, una goma resinosa inodora y de color rojo oscuro, utilizada como astringente, como fármaco hemostático y, en otro orden de cosas, como curtiente y tinte. Los eucaliptos conocidos como madera de sangre, que también sirven como fuente de la quina de Botany Bay, destacan por su madera de tonos rojizos. Otras especies de

De él se obtienen aceites esenciales de propiedades medicinales y sus especies son ampliamente cultivadas para la obtención de celulosa y pasta de papel. De la corteza de su madera se extraen compuestos utilizados como pigmentos y fármacos y, en ciertas especies, sus cortezas son ricas en tanino, por lo que se utilizan para el curtido de pieles.

En cualquier caso, con independencia de la especie que se considere, todas ellas desarrollan troncos delgados y esbeltos al principio, que se vuelven fuertes y poderosos, con increíbles contrafuertes en la base, según van creciendo y haciéndose viejos.
La corteza se va renovando continuamente durante toda la vida del árbol, desprendiéndose en

Desde Australia, el eucalipto fue introducido modernamente en la zona mediterránea a partir de 1869. En España, aparece hoy en muchas zonas de la cornisa cantábrica y se cultivan especialmente en las provincias de Huelva, Cádiz, Badajoz y Sevilla.

Ahora bien, esta medida de finalidad economicista debería ser tomada siempre que la plantación de estos géneros no actuara como elemento perturbador de los ecosistemas naturales ni interfiriera en la necesaria recuperación de los mismos.
Este dato es importante, ya que encierra unos graves inconvenientes que, una vez y otra son resaltados por los ecologistas: los restos de los eucaliptos no ofrecen muchas ventajas para el suelo. Al ser los eucaliptos ricos en un aceite esencial de propiedades antisépticas, el llamado cineol, sus restos esterilizan el suelo e impiden el desarrollo de otras especies; además, sus largas raíces son capaces de perforar hasta las capas más profundas, absorbiendo grandes cantidades de agua de los niveles freáticos, hasta el punto de que se han utilizado para desecar pantanos. Todo ello hace peligrosos a los eucaliptos en las zonas semiáridas, donde pueden acentuar la sequía del suelo. Su capacidad de rebrotar una vez cortados hace muy difícil su posterior eliminación, ya que compiten con éxito frente a la vegetación natural. Por tanto, su cultivo debería recomendase exclusivamente en los suelos muy pobres que no permitan otro tipo de aprovechamiento.
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