“Creo que esta nación debería tratar de conseguir la meta, antes de que acabe la década, de poner a un hombre en la Luna y devolverlo a la Tierra sano y salvo”. Cuando el presidente John. F.Kennedy hizo estas declaraciones el 25 de mayo de 1961, a muchos les parecieron demasiado optimistas. Después de todo, éste era el año en que el ruso Yuri Gagarin se convirtió en el primer hombre en órbita alrededor de la Tierra, un triunfo relativamente sencillo, que incluía un viaje de 89 minutos por el espacio. El éxito del primer vuelo orbital tripulado soviético había sorprendido a la opinión pública mundial y particularmente a la estadounidense. La conquista del espacio implicaba logros científicos y técnicos en los que Estados Unidos no podía quedar rezagado, so pena de hipotecar su futuro económico.
Un mes más tarde, veinte días antes del discurso de Kennedy, los estadounidenses pusieron a su

La carrera hacia la Luna fue básicamente una carrera hacia el prestigio, tanto para la Unión Soviética –nave Soyuz y cohete Nositel- como para los Estados Unidos –nave Apolo y cohete Saturno V-. El objetivo en realidad no era la Luna, sino humillar al oponente. Hasta tal punto que la NASA no empezó a diseñar experimentos científicos hasta 1967, y ello porque la comunidad científica protestó contra el absurdo de mandar a gente a la Luna sólo para pasear.

Los americanos, en cambio, escogieron el encuentro en órbita lunar, es decir, el envío de un vehículo compuesto por dos módulos, uno de aterrizaje sobre la superficie del satélite y otro en órbita de apoyo y de regreso. En 1962, la NASA emprendió un proyecto de grandes proporciones y enorme complejidad que costó 25.000 millones de dólares y en el que participaron 400.000 personas, llamado Apolo. El 26 de febrero de 1966 comenzaron los lanzamientos específicos del programa Apolo.
Los seis primeros vuelos, sin tripulantes, estuvieron dedicados principalmente al estudio del lanzador

Los primeros modelos tenían dos etapas, pero hasta mediados sus diez lanzamientos experimentales sólo se utilizó la primera, de queroseno y oxígeno líquido. Una versión mejorada, el Saturno IB con mayor empuje en la segunda fase activa, impulsaría los tres primeros vuelos Apolo en 1966 –dos suborbitales y uno orbital no tripulados- e incluso los Apolo 5 y Apolo 7 en 1968, hasta que se adoptó definitivamente el Saturno V, cohete de tres escalones, 3.000 toneladas de peso, 111 m de altura. Para lograr sus 2.810 toneladas de empuje quemaría 2.3 millones de litros de combustible en los primeros 2.5 minutos de vuelo. Fue montado en la sala más grande del mundo, de más de 152 metros de altura, y llevado a su rampa de lanzamiento por el vehículo más grande del mundo, que pesaba 3.000 toneladas.

La misión Apolo, de gran complejidad, estaba basada en la inyección hacia la Luna de una cápsula con tres secciones diferentes. El módulo de mando, de forma cónica y con capacidad para tres personas, alojaba a los astronautas durante el viaje hacia la Una y el regreso a la Tierra. Pensado con la máxima funcionalidad, como si se tratara de la cabina de mando de cualquier avión comercial, ultramoderno pero acogedor hasta cierto punto, tenía además la ventaja de su habitabilidad sin trajes presurizados.
El módulo de servicio contenía los elementos de propulsión necesarios para la inyección en órbita lunar y para el escape de ésta, el regreso, y los sistemas para el mantenimiento vital de los astronautas (depósitos de oxígeno, hidrógeno y helio, equipos de producción de energía eléctrica); su forma era cilíndrica y permanecía unido al módulo de mando hasta la reentrada de ése en la atmósfera.
Por último, el Módulo Lunar, el único sin forma aerodinámica porque permanecería plegado hasta la fase de acercamiento al satélite, era el vehículo de descenso en su superficie; su sección inferior alojaba los retrocohetes para el descenso y el tren de aterrizaje y la superior, con capacidad para dos pilotos, el motor cohete de ascenso.
La NASA calculó que harían falta unos 20 lanzamientos para probar el Saturno V y obtener una


Se enviaron una serie de sondas espaciales sin tripulantes, que fotografiaron el 90% de la superficie

El Apolo 9 (James A.McDivitt, David R.Scott y Russell L.Schweickart) se ocupó de la primera en marzo de 1969. Dos meses más tarde, en mayo, el Apolo 10 (Thomas P.Stafford, John V.Young y Eugene A.Cernan) llevó a cabo un ensayo general, transportando un módulo lunar hasta una altura de 14.325 m sobre la superficie del satélite, por lo que, tan sólo ocho años después de la declaración de Kennedy –y siete meses antes de que terminara la década –ya estaban sentadas las bases para el aterrizaje del Apolo 11.

El miércoles 16 de julio de 1969, el Apolo 11 despegó de Cabo Kennedy. Miles de personas habían pasado la noche en las inmensas playas de cabo Kennedy y varios miles más, hasta sumar millón y medio, se les unieron en las primeras horas de aquel día. Los cohetes de la serie Apolo llevaban suficiente combustible como para lanzar partículas de hasta 45 kg de peso a una distancia de 4.8 km. La NASA no podía controlar la eventualidad de que todo explotara en el despegue, por lo que sus invitados VIP fueron acomodados a una distancia prudencial de 5.6 km de la rampa de lanzamiento.
La cuenta atrás estaba en menos dos horas y media cuando los tres astronautas con un altísimo nivel


Las nueve horas y veintinueve segundos. “T menos sesenta segundos”. Los astronautas, el equipo de tierra y la red de estaciones de rastreo o seguimiento palpitaban ya al ritmo del secuenciador automático. Tres, dos…, uno… Una señal eléctrica inició la combustión y el propergol comenzó a entrar a raudales en la cámara de combustión del cohete. Pero

Durante la primera parte de la trayectoria ascensional, mientras se consumía el primer escalón, el

El “salto hacia el satélite había comenzado, pero antes de orbitarlo aún era necesaria una posterior maniobra de reacoplamiento del módulo de mando (CM)-módulo de servicio (SM) con el lunar (LM): los dos primeros, que viajaban delante y con el módulo de mando a proa, se separaron del

La misión iba sobre ruedas. O casi. El agua potable se obtenía como subproducto de las pilas de combustible, pero los filtros de hidrógeno del Apolo 11 no funcionaron y el líquido se convertía en burbujas. Los efectos de la defecación y de la micción bajo una gravedad cero, por otro lado, no habían sido tomados en consideración, y al menos un astronauta tuvo que trabajar con antidiarréicos para evitar los efectos desagradables de la primera.
(Finaliza en la siguiente entrada)
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