¿Oxígeno? ¿Dióxido de carbono? ¿Hidrógeno?.. Pues no. La respuesta es Nitrógeno, cuya proporción en el aire que llena nuestros pulmones es del 78%.
Menos del 21% del aire corresponde al oxígeno. Y sólo tres centésimas partes del 1% es dióxido de carbono.
El alto porcentaje de nitrógeno en la atmósfera es el resultado de las masivas erupciones volcánicas

La palabra nitrógeno proviene del griego “nitro” (por la que se designaba a toda una serie de compuestos de sodio y potasio) y el griego “geno”, “generar”.
El nitrógeno tiene los usos más variados: es un compuesto clave en los explosivos y fertilizantes; se utiliza también para ahumar carne y como conservante en los helados o anestésico en la pasta de dientes especial para encías sensibles. Durante cientos de años la fuente principal de nitrógeno fue el mantillo orgánico que se había ido acumulando en el suelo de las casas. En el siglo XVI, hubo incluso una profesión, la de los salitreros, que se dedicaban a irrumpir en las casas e iglesias de Inglaterra, excavar en sus suelos y vender la tierra para la fabricación de pólvora.
El otro gas que tiene una presencia significativa en el aire es el argón (1%). Fue descubierto por William John Strutt, Lord Rayleigh, que fue también el primer hombre en averiguar por qué el cielo es azul.
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