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miércoles, 4 de septiembre de 2013

Charles Manson- Satán en Hollywood (1)





Se hace llamar Satán, pero no es inmortal. De hecho, se le ve bastante viejo, lo cual no es raro considerando su situación. De los 79 años que tiene, sólo ha pasado 19 en libertad. Los otros 58 han transcurrido entre rejas, donde ahora lleva cuatro décadas de forma ininterrumpida. Y puede dar gracias, porque si Charles Manson sigue hoy vivo, se debe a una irónica casualidad de la historia judicial de Estados Unidos: en 1971 fue cinco veces condenado a muerte y lo normal sería que sus pulmones hubieran estallado hace tiempo en la cámara de gas de la cárcel de San Quintín. Sin embargo, después del juicio, California aprobó la supresión de la pena capital y todas las sentencias de muerte fueron permutadas por la de cadena perpetua. Posteriormente se reanudaron las ejecuciones, pero eso a Manson ya no le afecta.

Ha tenido suerte y se ha hecho viejo en prisión, donde gestiona su página web y edita discos de música rock y de interpretaciones bíblicas. Incluso se permite solicitar de tanto en tanto la libertad condicional, aun sabiendo que le será denegada. En primer lugar, porque no se arrepiente de nada; y además, porque el mundo aún recuerda con nitidez el día en que tres chicas y un chico armados con cuchillos y tenedores despedazaron a cinco personas a las que no conocían, obedeciendo órdenes de su dios y demonio, su padre y amante Charles Manson, un criminal de pequeña estatura con delirios de grandeza.

Fue la señora de la limpieza quien descubrió los cuerpos. Como cada sábado, en la soleada mañana del 9 de agosto de 1969 se disponía a realizar el trabajo doméstico en casa de una de las parejas más conocidas de Hollywood: la formada por el director de cine Roman Polanski, que contaba 36 años, y su joven esposa Sharon Tate, de 26, una bella y sensual actriz especializada en papeles con una fuerte carga erótica. La vivienda se encontraba al final de una tranquila calle llamada Cielo Drive, pero la escenografía que apareció ante los ojos de la asistenta distaba mucho de ser celestial: sobre un charco de sangre, en el césped, yacían un hombre y una mujer, mientras un tercer cadáver asomaba del interior del coche aparcado al lado. Aterrada, echó a correr, gritando histéricamente, hacia la casa de los vecinos.

Este dantesco panorama hizo estremecer minutos después a los policías mientras seguían el rastro sangriento que conducía a la mansión de Polanski. Les recibió la palabra “pigs” (“cerdos”) pintada con sangre sobre la puerta. En el salón yacía muerta Sharon Tate, tumbada de lado en posición fetal, y apenas cubierta por un sujetador y unas bragas de flores. Varias puñaladas destacaban en su cuerpo y sobre el vientre, hinchado a causa de los ocho meses de embarazo, aparecía una X grabada a cuchillo. La cuerda blanca atada en torno al cuello enlazaba con la garganta de una quinta víctima, un hombre mutilado, acuchillado y con numerosas equis marcadas sobre la piel. Como remate, los asesinos le habían cubierto la cabeza con una toalla ensangrentada.

Los cuerpos fueron rápidamente identificados. El hombre que yacía junto a Sharon Tate era su
exnovio, el peluquero Jay Sebring, de 35 años. Los cadáveres del jardín correspondían a Abigail Folger, de 26 años, rica heredera de un industrial cafetalero; y su novio, el cineasta polaco Voyteck Frykowski, de 37 años. Los tres, amigos del matrimonio Polanski, habían ido a hacer compañía a la actriz, pues Roman se encontraba trabajando en Londres. El ocupante del coche –y primera víctima de la masacre- resultó ser Steven Parent, un estudiante de 18 años que tuvo la desgracia de toparse con los asesinos cuando se disponía a marcharse tras visitar al guardés de la mansión, de quien era amigo. Éste, por cierto, no se enteró de nada, pues se hallaba en la casa del servicio, situada a cierta distancia, escuchando música a todo volumen.

Pero el horror, lejos de terminar, se prolongó en Los Ángeles hasta el domingo por la tarde, cuando Frank Struthers, de 15 años, entró en la casa de su madre, Rosemary, de 36, y su padrastro, Leno La Bianca, de 44, propietario de un supermercado en el elegante barrio de Los Feliz. El joven halló a La Bianca en el suelo del salón con la cabeza metida en una funda de almohada empapada en sangre. Tenía clavado un cuchillo de cocina en la garganta, el pijama hecho jirones y de su vientre sobresalía un largo tenedor de dos púas, con la empuñadura de marfil. Frank salió despavorido.

El cuerpo de su madre fue descubierto por la policía en el dormitorio. Rosemary La Bianca yacía
boca abajo en medio de un charco de sangre, con el camisón rosa enrollado a la altura del cuello; la espalda, nalgas y piernas sembradas de pinchazos, y la cabeza cubierta por una funda de almohada. En la vivienda se hallaron tres pintadas hechas con sangre: “death to pigs” (“muerte a los cerdos”), “rise” (“levantaos”) y “helter skelter” (“confusión y caos”).

El balance forense del siniestro fin de semana arrojó las siguientes cifras: Sharon Tate recibió 16 cuchilladas; Jay Sebring, siete puñaladas y una herida de bala; Abigail Folger, 28 cuchilladas; Voyteck Frykowski, 51 heridas de arma blanca, dos balazos y 13 golpes en la cabeza (es probable que se defendiera antes de morir); Steven Parent, cuatro tiros y una puñalada; Rosemary La Bianca, 41 heridas hechas con cuchillo y tenedor; y Leno La Bianca, 26 puñaladas. En su vientre, junto al tenedor de trinchar, aparecía grabada a cuchillo la palabra “war” (“guerra”).

Todo Los Ángeles se quedó de piedra. ¿Quiénes eran esos horribles carniceros? ¿Qué móvil les empujaba? Desde luego, no el robo, pues en casa de los Polanski no faltaba nada. En cambio, la policía encontró vídeos pornográficos y pequeñas dosis de distintas drogas, lo que dio pábulo a las más turbias especulaciones: orgías sexuales, tráfico de estupefacientes, rituales de vudú, sacrificios humanos… Hubo incluso quien afirmó que el mismo demonio había usado a Manson para que castigase a Polanski por haber revelado al mundo la existencia del culto satánico en su película “La semilla del diablo”. Sea como fuere, los asesinos andaban sueltos y los ricos y famosos de Hollywood, temiendo por su vida, se atrincheraron en sus mansiones. Durante un tiempo se cancelaron todas las fiestas y algunas amistades se rompieron de golpe, porque el miedo alimentaba la desconfianza.

Mientras tanto, a sólo media hora en coche de Los Ángeles, seis
personas que sí conocían los detalles de los crímenes se burlaban del revuelo organizado. En las cabañas del Spahn´s Movie Ranch, donde se habían rodado algunas películas del oeste, vivía desde hacía dos meses un guía espiritual melenudo y barbudo con su peculiar familia, formada por 40 jóvenes, la mayoría chicas. Era una de aquellas alegres comunas hippies, habituales por entonces en California, cuyos miembros vivían al margen de la sociedad componiendo música, fumando marihuana, tomando LSD, comiendo los alimentos caducados que rescataban de los supermercados y acostándose todos con todos.

El líder, Charlie, de 35 años, era el mayor del grupo y todo un experto en convencer a las chicas de que se olvidasen de cualquier escrúpulo. Con un físico escueto que suscitaba ternura, poseía experiencia de la vida, carisma y autoridad, y tan pronto podía resultar cruel como convertirse en la persona más dulce del mundo. Con verbo fácil engatusaba a sus acólitos exaltando su misticismo o reprendiéndoles con dureza. Las chicas le adoraban y los chicos le seguían, porque donde estaba Charlie había sexo en abundancia. ¡Él sí que sabía llevar el amor libre hasta sus últimas consecuencias!

Es posible que la ingenuidad hippy de aquellos años sesenta ayudara a Manson a seducir a jóvenes incautos, pero no habría llegado a ser el siniestro asesino en que se convirtió sin la violencia que marcó su infancia. Charles Manson nació el 12 de noviembre de 1934 en un hogar humilde de Cincinatti (Ohio). Su madre, Kathleen Maddox, tenía 15 años cuando se escapó de casa huyendo de unos padres tremendamente religiosos y estrictos. Apenas un año después trajo al mundo a Charlie fruto de su relación con un amante ocasional. El niño recibió el apellido de William Manson, un hombre mayor con quien Kathleen, vitalista, aficionada a la bebida y enamoradiza, estuvo casada unos meses. En los periódicos, 35 años después, se etiquetó a Kathleen como una “prostituta adolescente”, cosa que no gustó a Manson: “Mi madre fue simplemente una hippy de los años treinta. Se largó de cada por las mismas razones que los chicos de mi familia. Me gustaba mi madre; yo la quería”.

En 1940, Kathleen fue condenada por atracar una gasolinera y Charlie, que acababa de cumplir seis
años, fue a vivir con unos parientes hasta que ella salió de la cárcel, dos años más tarde. Tras el reencuentro, siguió un lustro que fue feliz para Manson a pesar de la inestabilidad, pues su madre cambiaba constantemente de casa, de ciudad y de compañero de cama. Un buen día, Kathleen encontró un hombre dispuesto a casarse con ella siempre que no tuviera que ocuparse del niño, por lo que Charlie, que tenía 12 años, quedó a merced de la asistencia social e ingresó en un hospicio donde pasaba los días llorando y rezando. Al cabo de unos meses se escapó y trató de volver con su madre, convencido de que ella lo acogería amorosamente en sus brazos, pero la realidad fue bien distinta: “Me entregó. Al día siguiente estaba de vuelta en el hospicio. Entonces decidí que ya no iba a llorar más. Sólo sentía odio y amargura”.

Nuevos intentos de huida precedieron su ingreso, con 13 años, en un albergue de régimen especial para casos difíciles, donde recibió bárbaras palizas de los vigilantes, fue violado por los chicos más mayores y se acostumbró a devolver el golpe. De allí también escapó, y aprendió a vivir en la calle y a robar coches. Durante su adolescencia, Charlie conoció otros cuatro “centros educacionales” públicos, hasta que, al cumplir los 19 años, quedó en libertad condicional; corría el mes de mayo de 1954 y se había convertido en un joven bastante atractivo.

Encontró su primer empleo en un hipódromo, donde se ocupaba de amontonar estiércol. Después de numerosas experiencias sexuales, algunas con chicos, tuvo su primera relación “estable” con una camarera. Llegaron a casarse y parecían felices pero, al agravarse su precariedad económica cuando ella quedó embarazada, Charlie volvió a robar coches, dando con sus huesos en prisión antes de que el bebé naciera. Al principio, su mujer iba a visitarle con el niño, pero después lo abandonó y Manson nunca volvió a verlos. Tras recuperar la libertad en 1958, trató de ganarse la vida como proxeneta, dando paso a una etapa de continuas detenciones, periodos de libertad condicional y más detenciones. En 1960 fue condenado a diez años de cárcel por falsificar un cheque de 37.50 dólares. Tenía 26 años y una profesión: delincuente de poca monta.

En el presidio insular de Terminal Islands, cerca de Los Angeles, el recluso Manson recibió
instrucción complementaria: aprendió a tocar la guitarra y a componer música, y leyó libros de cienciología, hipnosis, psicología e hinduismo, además de la Biblia. Allí se respetaba a ese hombrecito de verbo fácil y humor sarcástico. Cuando al cabo de siete años fue puesto en libertad, se había convertido en un experto en el arte de mantener a distancia a los más fuertes y manipular a los débiles. 


(Finaliza en la siguiente entrada)

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lunes, 2 de septiembre de 2013

Hinduísmo: La época vedanta






La filosofía y la religión están profundamente entrelazadas en la tradición hindú, y los pensadores hindúes de todos los tiempos han emitido las más sutiles especulaciones acerca de la naturaleza de la realidad. Hacia el principio de la era actual, se habían desarrollado gran número de escuelas hindúes de filosofía, de las cuales seis fueron muy significativas. Aunque las fechas se discuten, los sistemas se formularon hacia principios de la era actual. En diversos grados, éstos aceptan las ideas de división social y las cuatro etapas de la vida (ver entrada anterior), apoyan la creencia en la transmigración de las almas y mantienen el moksha o liberación espiritual personal como meta final. Los textos principales se componen de aforismos abreviados conocidos como sutras. Los seis sistemas, con los nombres de sus fundadores entre paréntesis, y sus propuestas clave son:

- Nyaya (Gautama). Se ocupa principalmente de la lógica, análisis y naturaleza del razonamiento.
- Vaisheshika (Kanada). Esencialmente ateísta y dualista, enseña que la realidad está hecha de alma y materia, y que la materia está compuesta de átomos.
- Samkhya (Kapila). Como Vaisheshika, un sistema dualista que diferencia entre la materia o naturaleza (prakriti) y las incontables almas (purusha); las almas deben distinguirse de la materia antes de liberarse de ella.
- Yoga (Yajñavalkya?; codificado por Patañjali). Subraya que el moksha puede conseguirse por medio de un grupo de disciplinas mentales y físicas determinadas.
- Purva Mimamsa (Jaimini). Interpreta la filosofía y rituales de los Vedas; fue más tarde superada por el sistema vedanta.
- Vedanta (Badarayana). El más importante de todos los sistemas y que tratamos con más detalle a continuación.

Su nombre y temas principales procedían de las escrituras Upanishad, que eran consideradas como el final (anta) de los Vedas (ver entrada anterior). Escritos entre 800 y 500 a.C., los Upanishad –los “Himalayas del alma”- son uno de los más importantes textos espirituales del mundo. Su grandeza de pensamiento, penetración y lenguaje evocador han atraído a místicos, filósofos y poetas desde el tiempo de su concepción hasta nuestros días. El filósofo alemán Arthur Schopenhauer (1788-1860), por ejemplo, dijo que leerlos “había sido el consuelo de mi vida, y lo será de mi muerte”.

Se considera tradicionalmente que los Upanishad son entre 108 y 200, pero sólo hay entre 10 y 13
principales. Consisten en unos diálogos entre maestro y alumno o entre sabios, y sus principales doctrinas pueden resumirse así: aunque el poder de maya (“ilusión”) hace que el mundo parezca real, Brahman es la realidad última y sin forma.

Las personas poseen un alma o espíritu (atman) que es indestructible e idéntica a Brahman, y las cosas creadas del mundo comparten una unidad espiritual. La existencia futura del atman está determinada por el karma (resultado de todas las acciones) y el karma puede lograr la liberación (moksha) a través del largo ciclo de sucesivos nacimientos y muertes (samsara).

La filosofía vedanta procede de los Upanishad, como hemos dicho. Éstos fueron publicados primero en un texto conocido como el Vedanta Sutra o Brahma Sutra, y se piensa que fueron escritos por un filósofo llamado Badarayana más o menos a principios de la era actual. El tema central vedanta es el “monismo”: hay una sola realidad indivisible (Brahman) y el alma o atman es una con ella. Para entender completamente el Brahman, dice Badarayana, es esencial la intuición, no el intelecto.

La filosofía vedanta fue más tarde desarrollada por tres importantes escuelas que se basaban en la interpretación de sus fundadores: Shankara, Ramanuja y Madhva. El primero de ellos, Shankara, era un filósofo, místico y poeta que, según la tradición, nació en el año 788 y vivió sólo 32 años. Su santidad era tal que se le miraba como a una reencarnación del dios Siva.

Las enseñanzas de Shankara conformaron la escuela de Advaita o “no dualismo”. Enseñó que las
personas creen que el mundo de cada día es real sólo porque son ignorantes. (Por ejemplo, con poca luz, una cuerda puede ser confundida con una serpiente). De hecho, el mundo es “maya” o ilusión. La única realidad es Brahman, que es idéntico al atman. La liberación del ciclo de samsara sólo puede conseguirse a través del conocimiento y la unión de atman con Brahman.

En contraste con Shankara, Ramanuja (h.1017-1137) enseñó que el mundo de cada día no es una ilusión, y que atman, aunque sea una parte de él, no es idéntico a Brahman. La liberación, conseguida sobre todo a través de bhakti, o amor hacia Dios, tiene lugar cuando el atman se reúne con Brahman, manteniendo su individualidad. Su escuela se conoce como vishisht-advaita, “no dualismo cualificado”.

Madhva (1197-1280) dio otro punto de vista más. Enseñó un sistema dvaita –“dualismo”- que mantenía que Brahman era distinto de atman. Ambos permanecen separados entre sí, no sólo en el mundo creado, sino incluso después de que el atman haya alcanzado la liberación, aunque llega a encontrarse en la proximidad de Brahman.

En la transmisión e interpretación de cualquiera de estas corrientes de pensamiento han jugado y siguen jugando un papel fundamental los gurús o maestros espirituales. Como se creía que los sabios en tiempos antiguos habían oído las palabras reveladas de dios, a las escrituras védidas se las llamaba shruti (“lo que se oye”). Los sabios compusieron los himnos védicos y los transmitieron oralmente a la siguiente generación, que conservó los Vedas. Estos textos shruti no se escribieron durante muchas generaciones; por ejemplo, el primer manuscrito del Rigveda data de hacia 1400 d.C., más de dos mil años después de que naciera.

El método oral de enseñanza era ideal para comunicar las escrituras y filosofía a los individuos,
cualquiera que fuera su procedencia social. Los gurús también pueden discutir sus teorías con otros estudiosos en debate abierto. Aunque los gurús como Shankara, Madhva y Ramanuja, hasta Aurobindo (1872-1950) y Radhakrishnnan (1888-1975) en el siglo XX, usaban la escritura, sus debates seguían la tradición oral. Shankara, por ejemplo, debatió su teoría del no dualismo con pandits (estudiosos) en Benarés.

La transmisión oral del conocimiento ha sido también indispensable para extender el movimiento bhakti, del que hablaremos en otra ocasión, y en la comunicación de los grande poemas épicos de la literatura hindú, como el Mahabharata o el Ramayana, que gurús itinerantes llevaron hasta personas del pueblo que no sabían leer sánscrito. Muchos gurús modernos, como el Maharishi Yogui, fundador del movimiento de meditación trascendental, usan principalmente el método oral para llevar su mensaje a sus seguidores. Desde 1980, los gurús se han convertido a las nuevas tecnologías, utilizando la televisión o internet para transmitir el hinduismo.

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domingo, 1 de septiembre de 2013

¿Por qué crecen más rápido las uñas de las manos que las de los pies?




Todos hemos notado que tenemos que cortarnos las uñas de las manos el doble de veces que las de los pies. Lógico: las primeras crecen de media unos cinco centímetros al año, mientras que las segundas tardarían el doble en alcanzar esa longitud. Algunos dermatólogos han estudiado el fenómeno y sus conclusiones se basan en dos observaciones:

Para empezar, una uña que recibe un golpe (o que se rompe en parte) crece más rápidamente que su vecina. En la vida diaria, las uñas de las manos reciben muchos golpes, aunque leves, pero que pueden estimular su crecimiento. Esos microtraumatismos ligados a la actividad diaria afectan menos a los dedos de los pies.

Segunda constatación: las uñas crecen más en verano que en invierno, lo que quiere decir que la exposición a la luz del día tendría un papel en el mecanismo de su crecimiento. Y los dedos de los pies están más protegidos de la luz que los de las manos, excepto en los que andan todo el día descalzos.

Por tanto, la acción combinada de los choques y la luz bastaría para explicar la diferencia de crecimiento, lo que por otra parte no debería quitarnos el sueño.

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sábado, 31 de agosto de 2013

Si mi traje espacial se rompiera, ¿me explotaría la cabeza?



Hollywood ha convertido la muerte en el espacio en algo realmente dramático, pero la buena noticia es que en realidad tu cabeza no explotaría si se rompiera el traje espacial. ¿La mala? Tu sangre podría hervir y, probablemente, morirías. Pero vayamos por partes.

En primer lugar, dejemos de lado esas aterradoras muertes realzadas por los efectos especiales. Las cabezas explotando en el cine surgen de un malentendido de los principios básicos de la física: los objetos presurizados se expanden a bajas presiones, y por tanto el cuerpo, acostumbrado a vivir a 1 atmósfera de presión, probablemente se expandiría (violentamente) si fuera expuesto a una presión cero, es decir, al vacío en el espacio. En realidad, la diferencia de presión no es lo suficientemente grande como para provocar tal reacción. (la piel, no obstante, se inflamaría hasta alcanzar dos veces su tamaño normal. Doloroso, pero no mortal. De vuelta a la Tierra volvería a su aspecto original).

Lo de la sangre hirviendo es un poco más problemático. Los científicos están divididos al respecto. Está comprobado que el punto de ebullición de los líquidos decrece conforme baja la presión. A presión cero, el cuerpo, que se halla a 37ºC, proporcionaría suficiente calor como para que la sangre hirviese, el principal argumento a favor de la teoría. Pero hay científicos que esgrimen un poderoso argumento en contra: el sistema circulatorio es un circuito cerrado, y por tanto los latidos del corazón proporcionan una presión constante. Además, los vasos sanguíneos son elásticos, por lo que la sangre quedaría relativamente comprimida. Seguiría produciéndose una caída de la presión, pero no lo suficientemente grande como para que la sangre hirviese a la temperatura corporal.

¿Qué ocurriría entonces?

En realidad, morirías asfixiado al escapar el oxígeno. Y no solo es teoría, desgraciadamente. En 1971, la tripulación del Soyuz 11 murió por asfixia antes de la reentrada debido a un fallo en una válvula. Cuando los oficiales encontraron la cápsula, los cuerpos no mostraban señal alguna de trauma. Solo tras las autopsias se comprobó que los cosmonautas habían muerto por falta de oxígeno.

Si te encuentras en una situación parecida, no contengas la respiración. Si tus pulmones están llenos de aire, la diferencia de presión y la del espacio causaría una descompresión explosiva; descompresión, porque el aire se expandiría rápidamente, y explosiva porque… bueno, ya puedes imaginártelo. La descompresión explosiva puede hacer que tus pulmones estallen, algo que, pese a no alcanzar la espectacularidad de Hollywood, resultaría bastante desagradable.

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viernes, 30 de agosto de 2013

Mata-Hari: Espionaje entre sábanas






Mata Hari vivió apasionadamente una enigmática novela de aventuras en la que el amor fue sinónimo de astucia y cuya principal protagonista fue ella misma. Aunque no siempre resultó así. Ella, al igual que muchas mujeres de hoy, sufrió en su propia piel los abusos deshonestos y catastróficos de un hombre que la dominó, maltrató y humilló: su marido. Desengañada de la vida huyó a París y se inventó una nueva identidad, sin pensar en las consecuencias de aquella aventura tan arriesgada que finalmente la llevaría ante un peloto de fusilamiento en 1917.

Todo había empezado el 7 de agosto de 1876 en la tranquila y provinciana ciudad holandesa de Leeuwarden. Allí, en una calle céntrica, llama la atención un comercio destinado a la venta de gorras y sombreros que se halla cerrado a pesar de la avanzada hora de la mañana. El propietario, Adam Zelle, y su esposa, Antje Van der Meulen, acaban de ser padres de Margarita Gertrudis Van Zelle, una niña que pasará a la historia con el exótico nombre de Mata Hari.

Hasta los 15 años, la provinciana Margarita llevó una vida prácticamente idéntica a la de todas sus
amigas. Ningún indicio apuntaba siquiera los cambios que se producirían en la adolescente en un futuro cercano. Tan cercano como que fue ese mismo año de 1891 cuando su vida daría un giro –involuntario- de 180 grados que la marcaría para siempre. Por entonces, llevar sombrero dejó de estar de moda, o al menos eso debió pensar Adam Zelle al comprobar que nadie se decidía a comprar en su comercio, motivo por el cual tuvo que liquidar todas las existencias y cerrar el negocio. Como las desgracias suelen ir acompañadas, Antje Van Zelle falleció ese mismo año, dejando al esposo con la penosa carga de alimentar a cuatro hijos y dando, de paso, comienzo al vía crucis de Mata Hari.

Tras la muerte de Antje, Margarita sufrió y lloró como cualquier hija. El amor que sentía hacia su madre era tan fuerte e intenso que quienes la rodeaban llegaron a temer por su vida al presenciar sus desgarradoras expresiones de dolor. Contrariamente a lo esperado, Adam, aunque aparentaba la aflicción y la tristeza de un viudo, no tardó en rehacer su vida en todos los sentidos: se trasladó a vivir a Amsterdam, contrajo nuevo matrimonio e internó a Margarita en la Escuela Normal de Maestras de Leyden.

Nunca llegaría a darse cuenta del error que había cometido alejando de él a una “niña” que acababa de perder lo que más amaba en el mundo y que, ante todo, necesitaba un padre cariñoso. Pese a ello, las súplicas y lloros de Margarita no hicieron mella en un hombre que ya tenía otro hogar y así hubo de pasar drásticamente la página de una infancia que le había sido arrancada de cuajo. Por si fuera poco, pronto empezó su infortunio con los hombres, personalizado en el director del colegio, quien, en lugar de proporcionarle el amor paternal que Margarita precisaba, resolvió cortejarla y acosarla, pasando, con una celeridad pasmosa, de la intención al hecho. Los acosos y las constantes peticiones del maestro, obligaron a la joven a abandonar el centro para marcharse a vivir a la casa de un tío suyo llamado Taconis. Así las cosas, la existencia de Margarita transcurría tristemente entre la soledad y la incomprensión, cuando un anuncio en la prensa llamó su atención.

Una fría mañana de enero de 1895, la joven leía el periódico Fhet Nieuws van der Dag, como solía
hacer habitualmente. En la página de contactos –su favorita- se fijó en un anuncio que venía firmando por Rudolf Mac Leod, capitán del ejército holandés en las Indias. Se anunciaba como un hombre bueno y honrado, de 39 años, que buscaba esposa joven y atractiva. Con sus 18 años, Margarita pensó en lo maravilloso que resultaría casarse con un militar maduro y se estiró en el lecho dejando volar su imaginación. Cuando despertó de un sueño en el que se imaginaba con traje nupcial, cogió la pluma y escribió cuatro líneas claras y contundentes, manifestando su ilusión por conocer al autor de tan original anuncio. En su inocencia ignoraba que la solicitud del capitán había nacido de una apuesta efectuada entre varios oficiales afectados por un avanzado estado de embriaguez y que nada tenía de romántica. Pese a ello, Rudolf acudió a la cita, durante la cual no reveló a la joven el “pequeño” detalle de cómo había surgido la idea de anunciarse en el periódico. Los esponsales se celebraron el día 30 de marzo de ese mismo año, y cuatro meses después, Margarita y el capitán contraían matrimonio civil en Amsterdam.

Mac Leod, alto, apuesto y viril, resultó ser un impenitente jugador, mujeriego y alcohólico. Margarita quedó encinta de un varón que nacería el 30 de enero de 1896, al que llamaron Norman. Por entonces, el marido, ascendido a comandante del primer batallón de infantería de reserva, viajaba cada vez con mayor asiduidad –sin su mujer y su hijo- a Java y Sumatra, en Indonesia. Un año después, Margarita dio a luz a su segundo hijo, esta vez una niña a la que llamaron Juana Luisa, como la hermana de Mac Leod.

El día 26 de junio de 1899, Margarita sufrió en su propia carne la desgracia de ser víctima de una revancha dirigida a su marido. Su hijo Norman, que ya tenía tres años, acababa de cenar un plato de arroz. Unas horas después moría en brazos de su madre. La criada fue interrogada por la policía y confesó ser autora del crimen, urdido como represalia hacia Mac Leod. Ajena a todo arrepentimiento, la mujer argumentó que el comandante había maltratado a su marido –que era un soldado indonesio- injusta y cruelmente, hasta dejarlo inconsciente. Desde entonces pensaba en vengarse y no paró hasta conseguirlo. Margarita perdió el norte y entró en un estado depresivo que invadió todo su ser.

Mac Leod fue destinado nuevamente a Java, pero esta vez de forma definitiva, momento en que
decidió que su esposa debía trasladase junto a él. Margarita sigue cayendo en picado, pues por entonces empiezan a evidenciarse, mucho más severamente, los malos tratos a los que su marido la sometía. Una noche, acudió junto con Rudolf a una fiesta javanesa. En medio del salón danzaba una bailarina. Su cuerpo se contoneaba insinuante realizando exóticos movimientos. El resultado era de una sensualidad evidente. La señora Mac Leod, al igual que otras mujeres, se encandiló al contemplar las evoluciones de aquel cimbreante cuerpo. Tan ensimismada estaba en contemplar la danza, que no se percató de que su esposo la requería insistentemente. Rudolf, que tuvo que acercarse a ella para ser oído, pagó su “despiste” con una brutal paliza. Margarita tuvo que admitir públicamente que su marido la maltrataba, pues sentía que era muy capaz de desfigurarla o tal vez, de matarla.

De ese doloroso episodio, Margarita aprendió a disimular sus sentimientos ante un marido al que pensaba abandonar, no sin antes aprender la magia de esa danza que la había embrujado. Cumplido el objetivo, el 27 de agosto de 1902 Margarita presentó formalmente una demanda de divorcio, que fue fallada su favor, obteniendo la custodia de su hija. Sin embargo, ablandada ante las promesas de cambio por parte de Rudolf, Margarita accedió a volver con él. El intento sólo le produjo pérdidas, pues al ser declarada culpable de abandono del domicilio conyugal, perdió la tutela de Juana Luisa, que fue entregada a su padre. Tras apelar, Margarita logró nuevamente la custodia, pero unos días después, Rudolf raptó a la pequeña y amenazó a su ex esposa con matarlas a las dos si intentaba volver a recuperarla.

Así es como, en 1903, nuestro personaje llega a Paris. Y en la capital francesa entierra a Margarita
Gertrudis Van Zelle y saluda el nacimiento de una bailarina de origen indostánico iniciada en el misterioso arte de las sagradas danzas de los brahmanes. Su nombre: Mata Hari, que en lengua javanesa significa “ojo del amanecer”. Cuando le preguntan por su origen, dice haber nacido en las costas de Malabar, al sur de la India, hija de un dios y de una bayadera del templo que falleció al darla a luz. Según su relato, fue adoptaba por unos sacerdotes que la encerraron en el patio subterráneo de la Pagoda de Siva cuando comenzó a andar para enseñarle los sagrados ritos de la danza. Repite tantas veces la historia que la acaba creyendo y vive angustiada, víctima del misterio que ella misma ha creado y de la fatalidad.

En la capital francesa, donde entre 1904 y 1907 se convierte en la bailarina más famosa de la época, Mata Hari sabe satisfacer como ninguna otra la vanidad de los hombres. Al fin y al cabo lo ha aprendido a costa de mucho sufrimiento.

Los ministros se sienten atraídos por su palabrería, pues les demuestra que sabe hablar mejor que ellos, y el emperador austríaco Francisco José queda deslumbrado con sus danzas. Este nuevo mundo, repleto de glamour y exotismo, proporciona a Mata Hari la oportunidad de viajar a muchos países, entre ellos Alemania, y de conocer a altos mandos del ejército, a quienes, entre danza y danza, sonsacaba secretos de Estado. Al principio eran ellos los que hablaban en la intimidad de la alcoba; después nació la curiosidad de ella por conocer tan importantes secretos; finalmente, Margarita fue consciente del poder que tenía en sus manos y quiso utilizarlo. Fue su inicio como espía.

En 1915, usando la danza como tapadera, Mata Hari fue enviada por los servicios secretos alemanes a
cumplir una misión en España. Su presencia revolucionó Madrid, donde, según cuentan, las parejas se separaban por su causa. Allí, Mata Hari hizo gritar, llorar y languidecer a muchas personas, más por asuntos del corazón que por su eficacia como agente secreto, cuyo trabajo no pasó de mediocre. Enrique Gómez Carrillo, famoso escritor casado con la artista Raquel Meller, Cambó, Eduardo Dato, el conde de Romanones, el torero Vicente Pastor… forman parte de la larga lista de ilustres que sucumbieron a los encantos de la danzarina. Aunque su fama como artista de la danza y del teatro ya declinaba, Margarita impresionó a todo el mundo desde la habitación del hotel Ritz que escogió como domicilio. Entre sus paredes fue donde el senador catalán Emilio Junoy cayó hechizado bajo los tentáculos, casi venenosos, que danzaban exclusivamente para él. Sensualidad y misterio envolvían cada uno de los estudiados movimientos que Mata Hari ejecutaba con su cuerpo.

Durante su estancia en España, los ingleses la someten a una vigilancia exhaustiva, informando constantemente al servicio de contraespionaje francés sobre los contactos que ella mantiene con los alemanes. Al sospechar que está siendo vigilada, Mata Hari decide abandonar Madrid con la intención de entrevistarse en París con el comandante Ladoux, alta personalidad del espionaje francés. Utilizando su mejor arma, la belleza, lo convence astutamente de que ella puede obtener secretos del alto mando germano. El comandante, que no es precisamente un hombre confiado, aceptó la proposición no sin tomar algunas medidas de precaución.

De esta forma, antes de encomendarle una misión, la sometió a un certero interrogatorio: “En el caso de que fuera preciso que la recibiera una persona de sumo interés para nosotros, ¿cómo lo haría?” Al contestar, Mata Hari cayó en la trampa, pues mencionó un nombre -Craemer- cuya identidad como espía, no revelada por el comandante pero conocida por él, pues era una gran figura del espionaje mundial- denotaba a todas luces que sólo podía haber llegado a ella a través de sus contactos como agente secreto. De esta forma, Margarita daba a entender inconscientemente su posición traidora, aunque Ladoux decidió seguir adelante hasta que la mujer se delatara de una forma mucho más evidente. Así, prosigue su conversación y, sonriente, la acepta como colega, invitándola a estrenarse con una misión en Bélgica, aunque primero, y para quedar fuera de sospechas –le dice Ladoux- deberá dirigirse a un país neutral: España. Estamos en los tiempos de la Primera Guerra Mundial.

Ladoux pretende tenderle una trampa al señalarla objetivos falsos con el fin de que ella informe a los
agentes alemanes como si fueran ciertos. Mientras, él permanecerá al acecho hasta cogerla con las manos en la masa. De nuevo en Madrid, pero esta vez alojada en el hotel Palace, Mata Hari aguarda impaciente las noticias del comandante, mientras la intriga comienza a urdirse en torno a la espía.

Los informes que envía al servicio secreto alemán son interceptados en París, donde se conoce la clave en que se cifran los mensajes que circulan entre Berlín y Madrid, y viceversa. La sospecha de que Margarita es una espía alemana conocida como H21 ya está en boca de muchos y se confirmará si ella viaja a París, adonde es requerida en un telegrama interceptado que reza así: “Comunicar a H21 que regrese a Francia y que continúe su misión desde allí. Recibirá un cheque de 15.000 francos de Craemer sobre el Compoir d´Escompte”.

Mata Hari fue detenida en la frontera de Hendaya por la policía gala, acusada de espionaje. Su arresto tuvo lugar el 13 de febrero de 1917, dando comienzo a inciertos meses de presidio. El 24 de julio comienza en París el consejo de guerra contra la espía, presidido por Semprou, teniente coronel de la Guardia Republicana francesa. Como abogado defensor actuó Clunet, un antiguo amante de la bailarina que se encontraba en el exilio, en tanto que Emilio Junoy intentaba ayudar aportando datos que pudiesen resultar beneficiosos para ella en el juicio.

Con todas las pruebas en su contra, el 25 de julio de 1917, Margarita Van Zelle, alias Mata Hari, alias
H21, es declarada culpable de espionaje a favor de Alemania y condenada a muerte. Su ejecución y el inicio de la leyenda tuvo lugar en la madrugada del 15 de octubre de 1917.

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