Con el objetivo de mejorar la salud pública y llevar a cabo investigaciones para evitar enfermedades, los Centros de Control y Prevención de Enfermedades (CDC por sus siglas en inglés) representan uno de los dos únicos lugares autorizados para conservar muestras del virus de la viruela, actualmente extinguidos en todo el mundo. Hoy se discute si ha llegado el momento de destruir el virus o se deben guardar pequeñas muestras para la investigación.
El CDC fue fundado en 1942 como la Agencia de Actividades de Defensa Nacional para el Control

El CDC es, además, uno de los pocos centros que alberga laboratorios de bioseguridad de nivel 4, una categoría que refleja las extraordinarias precauciones que son necesarias para guardar ciertos agentes biológicos nocivos. Son precisamente esas estrictas medidas de seguridad las que permiten que en sus laboratorios se puedan almacenar muestras de la viruela. Solo un puñado de otros virus,

La viruela causó millones de muertes en todo el mundo durante siglos y parecía estar fuera de control hasta que Edward Jenner, un médico inglés, descubrió la primera vacuna efectiva en 1796. En 1980, después de un programa de vacunación global que se prolongó durante varias décadas, la Organización Mundial de la Salud (OMS) confirmó que la viruela era la primera enfermedad que había sido completamente erradicada de la Tierra. La última persona que la contrajo de forma natural (no se contagió en un laboratorio de forma accidental) fue un trabajador de un hospital somalí que no se había vacunado.
Se puso entonces en marcha un plan para que todas las muestras de viruela fueran entregadas y destruidas, pero EEUU y la Unión Soviética alegaron que ellos deberían poder conservar pequeñas muestras en instalaciones de alta seguridad para seguir investigando. El CDC fue una de esas instalaciones, y la otra el Instituto VECTOR, el Centro Estatal de Virología y Biotecnología en Koltsovo, Rusia.
El CDC alberga alrededor de 450 muestras, y algunas han sido bautizadas de acuerdo con su origen:


Por si fuera poco, toda la población nacida a partir de 1980 está sin vacunar y se sabe que los vacunados solo pueden contar con una década de inmunidad. En una época en la que el bioterrorismo es una amenaza constante, los defensores de la conservación de las muestras sostienen que sería una locura eliminar nuestra mejor oportunidad para luchar contra una nueva epidemia.
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