Dice la sabiduría oriental que hasta la más imponente de las montañas acaba siendo vencida por la paciente labor de la lluvia y del viento. Y es cierto que el paisaje que vemos es fruto de una continua transformación de la capa más superficial de la corteza terrestre en la que intervienen dos mecanismos opuestos. Uno capaz de generar plegamientos y crear relieve, y otro que tiende a nivelar el terreno mediante el desgaste de picos y salientes y la deposición de sedimentos en las zonas más bajas.
Muchos son los agente que intervienen en este proceso de desgaste: el agua y el viento son, sin duda, los más importantes, pero no los únicos; en cualquier caso, su acción se ve modulada por una serie de circunstancias tales como el clima, la composición del terreno y la influencia ejercida por los seres vivos, entre ellos, el hombre.
La fuerza abrasiva del viento o del río no sería la misma si no estuviese asociada a la presencia de

Esta corrosión, unida al efecto de dilatación y de contracción que sufren las rocas con los cambios de

Por supuesto, en todo este proceso, interviene como factor fundamental el lento paso del tiempo: se estima que, en un clima templado y con una humedad media, se necesitan más de 100.000 años para que el granito se debilite lo suficiente como para descomponerse al tacto; un periodo de tiempo considerable desde el punto de vista humano, pero apenas un instante a escala geológica.
El viento que se mueve por una superficie mineral sólida –como por ejemplo, roca firme o arcilla endurecida- es incapaz de provocar por sí mismo un cambio apreciable debido a que la fuerza cohesiva del material excede la presión ejercida por él. Únicamente en los lugares donde existan pequeñas partículas minerales sueltas puede el viento manifestar todo su poder de erosión y transporte. Es entonces cuando se habla de “erosión eólica” –de Eolo, dios griego de los vientos-.

Mención aparte merece la erosión de las olas de temporal, en la que casi todo el oleaje marino está generado por el viento y representa una transferencia de energía del aire al agua. Las olas producidas por un temporal ejercen gran presión de impacto sobre los acantilados rocosos, provocando un rápido retroceso de las costas cuando encuentran materiales poco resistentes.
Las corrientes de agua suponen una de las fuerzas erosivas más importantes. Un medio de erosión

La velocidad del caudal de un río determina las características físicas del lecho y su capacidad de erosión. Cuanto más fuerte y rápida es la corriente, mayores son los fragmentos de piedra que puede arrastrar. En estas condiciones, el río es capaz de excavar el terreno con mayor facilidad, sobre todo cuando cruza por estratos minerales más blandos, produciendo a menudo el característico valle fluvial en forma de V.

En todos los mecanismos erosivos anteriores se ha hablado de procesos que duran miles e, incluso, millones de años. Los diversos paisajes que componen la superficie terrestre son obra del paso detenido y paciente del tiempo. Sin embargo, recientemente se ha venido a sumar un agente erosivo desconocido en la historia geológica de la Tierra: el hombre.
La actividad humana ha alterado en gran manera los procesos naturales, de forma que en unos pocos

Con todo, la erosión, como las otras fuerzas generadoras del paisaje, lleva actuando desde hace miles de millones de años y lo continuará haciendo miles de millones de años después de que la especie humana haya desaparecido de la Tierra. Quizá, después de todo, nuestra influencia no sea más que una pequeña muesca en esa escultura eternamente inacabada que es nuestro planeta.
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