En los años treinta, volar solo desde Inglaterra hasta Australia, constituía una gran aventura. Los pilotos pioneros se encontraban con toda clase de condiciones meteorológicas, desde hielo sobre Europa, calor y arena sobre los desiertos de Oriente Medio, hasta tormentas tropicales en el sudeste de Asia. Era este un reto asumido por hombres y mujeres de diversos orígenes sociales.
En 1919, el primer ministro australiano, William Hughes, ofreció un premio de 10.000 libras a la primera tripulación australiana que consiguiera realizar un vuelo entre Inglaterra y Australia. Seis aviones comenzaron el épico viaje; sólo dos lo terminaron. El ganador fue un Vickers Vimmy pilotado por Ross y Keith Smith. Con dos mecánicos para el mantenimiento del aparato, tardaron 28 días en completar el viaje (récord que se mantuvo durante varios años).
En 1926, las fuerzas aéreas imperiales de Gran Bretaña, encargaron a Alan Cobham que realizara un vuelo de reconocimiento de rutas hasta Australia. Despegó en un hidroavión desde el río Medway en Kent, el 30 de junio, y llegó a Melbourne el 15 de agosto. Salió en dirección a Inglaterra el 29 de agosto y en octubre aterrizó sobre el río Támesis en Londres, junto al Parlamento. Sin embargo, se produjo una tragedia durante el vuelo cuando el mecánico de Cobham resultó herido de muerte por un árabe mientras sobrevolaban Irak.
El primer vuelo en solitario entre Inglaterra y Australia lo realizó el australiano Bert Hinkler pilotando un

El 7 de febrero de 1928, Hinkler despegó de Croydon y su avión se dirigió hacia el sureste a una velocidad constante de 130 km/h. Unas trece horas más tarde llegó a Roma. Tras aterrizar a la luz de la luna, fue arrestado: había aterrizado en un campo de aviación miliar por equivocación.

El australiano solitario avanzaba a un ritmo increíble. Volando durante casi todas las horas de luz solar, reparaba el avión a la luz de su linterna hasta las doce aproximadamente, y volvía a despegar en la madrugada. Hinkler sufría de calor, aburrimiento y agujetas de tanto estar sentado en el avión. Entre Jask y Karachi, una pérdida del depósito de combustible le produjo serios problemas, pero consiguió establecer un nuevo récord entre Inglaterra e India.
Unas etapas más adelante, se vio obligado a aterrizar en un claro de selva malaya por problemas con el

La etapa final hasta Darwin tuvo que realizarla sobrevolando el mar de Timor, infestado de tiburones. Hinkler llegó a Darwin el 22 de febrero, 15 días y 12 horas después de despegar de Croydon. Sólo entonces, una vez en Australia, dejó que el agotamiento lo venciera. Camino de Bundaberg, su ciudad natal, aterrizó incapaz de continuar hasta que hubiera descansado.

A pesar de algunos pequeños problemas con el motor, Johnson llegó a Karachi en menos tiempo que Hinkler, reduciendo su récord en dos días. Pero en la siguiente etapa, el viento la obligó a parar en Jansi, en el norte de la India, para reposta, donde se le estropeó un ala.
Este fue tan sólo el comienzo de los problemas para Johnson. Sin conseguir encontrar el hipódromo de


Durante los siguientes 40 meses, el récord de vuelo entre Inglaterra y Australia se batió cinco veces. La clave del éxito consistía en volar más horas con menos escalas. Esto implicaba pasar más tiempo en el aire y menos en tierra. Además, la permitía al piloto evitar algunos de los peores lugares para aterrizar. Pero obligaba a mejorar la mecánica, la habilidad humana para navegar y la resistencia humana.
Darwin está a diez horas por delante de Londres y Hinkler había perdido una media de 40 minutos por día al cruzar las zonas horarias; algunos concursantes posteriores perdieron incluso el doble.
Charles Kingsford Smith, conocido como “Smithy”, había realizado el primer vuelo de la historia entre Estados Unidos y Australia en 1928. Voló con su Avian Sports de Londres a Darwin en poco menos de diez días, entre el 9 y el 19 de octubre de 1930, en cuatro etapas menos que Hinkler. Entonces, Charles Scott, en un DH 60G Moth, redujo el récord en unas 17 horas entre el 1 y el 10 de abril del año siguiente, utilizando una ruta más directa con una etapa menos. Para ahorrar tiempo comenzó en Lympne, en Kent.
El siguiente fue Arthur Butler, volando con un Comper Swift. Butler salió de Lympne el 31 de octubre de 1931. Su magneto fue saboteado en Nápoles; la policía lo retuvo durante un día entero en Brindisi; tuvo que

En abril de 1932, Scott, que había jurado no volver a realizar un vuelo tan agotador, superó su propio récord en su Moth, con un tiempo de 8 días, 20 horas y 47 minutos. Hasta que no se construyeran aviones más rápidos, este era posiblemente el límite de lo posible. Pasaron 17 meses antes de que alguien intentara batir a Scott.


Si consideramos todo lo que sufrió Charles Kingsford Smith, nos podemos imaginar las peripecias de los anteriores pilotos, con aviones más lentos y viajes mucho más largos.
A principios de los años treinta, se batieron récords en el vuelo de Australia a Inglaterra, pero esto era más sencillo. Volar en dirección oeste, en lugar de hacia el este, aumentaba las horas de luz y las etapas finales, cuando la fatiga se convertía en un serio problema, se realizaban en Europa, donde los riesgos eran menores.
La carrera del centenario, entre Mildenhall en Suffolk y Melbourne, tuvo lugar el 20 de octubre de 1934. Esta no era una competición a solas. El ganador fue un avión de carreras, un Comet DH 88, pilotado por Charles Scott y Tom Cambpell Black. El tiempo realizado por el ganador: 70 horas, 44 minutos, 18 segundos, eclipsó todos los anteriores récords.
Se realizaron más vuelos en solitario, entre los cuales destaca el de la neozelandesa Jean Batten, que voló hacia Australia en un Gull en 5 días, 21 horas, 3 minutos, en 1936, y que superó ese tiempo un año más tarde, con 5 días, 18 horas y 15 minutos en el viaje de vuelta. Pero el interés popular por estas hazañas había disminuido. Era el final de una era.
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